sábado, 12 de noviembre de 2011

Una reveladora votación

Publicado: Sábado 12 de noviembre del 2011 | La Primera Palabra | Imprimir | Compartir | 99 Lecturas

Al cerrar el paso a la aprobación pronta de una reforma legal que impida que los corruptos se acojan a la prescripción como fruto de leguleyadas y ruta hacia la impunidad, los partidarios del orden neoliberal a ultranza y de gobiernos marcados a fuego por la corrupción, han confirmado la falsedad de su prédica supuestamente moralizadora.

El proyecto de Gana Perú, respaldado por Alianza Parlamentaria, ha sido bloqueado por los mismos parlamentarios que en las semanas previas pretendieron erigirse como implacables fiscales de la moralidad en el manejo del Estado, ante inconductas de miembros del frente gobernante, como el deplorable caso del segundo vicepresidente de la República.

Esos representantes votaron esta semana contra la aprobación pronta del proyecto moralizador, alegando, con tecnicismos y argucias seudo-jurídicas, que debe ser primero analizado por dos comisiones parlamentarias.

La experiencia demuestra que ello equivale a entrampar o al menos demorar una reforma que es reclamada por la ciudadanía, sin que pueda siquiera hacerse una estimación del tiempo que tomará tal trámite.

La actitud de los partidos tradicionales demuestra la falsedad de su prédica anticorrupción y confirma que sus inflamados discursos contra el gobierno y Gana Perú por el caso del vicepresidente de la República y otros menores de inconducta en el bloque oficialista, buscan solo el aprovechamiento político de esas situaciones y de ninguna manera expresan una política principista.

Es además una nueva comprobación de la falsedad de las promesas electorales del agrupamiento conservador que intentó el retorno de la dictadura en el afán de impedir las transformaciones que el país y la sociedad demandan.

El Fujimorismo y el pepecismo, prometieron entonces que apoyarían la medida, imposibilitados de rechazar el proyecto moralizador que busca declarar imprescriptibles los casos graves de corrupción, porque ello les costaría votos.

De esa manera se han quitado la careta quienes pretenden el regreso a una dictadura que para muchos fue el régimen más corrupto de la historia y del que formaron parte decenas de acusados de corrupción que buscan acogerse a la prescripción de sus procesos, tras eludir a la justicia mediante diversas argucias dilatorias, para que pase el tiempo requerido para la prescripción.

Con ellos cerró filas la minúscula representación del pasado régimen, que tiene importantes cuentas pendientes en materia de corrupción, y otras fuerzas tradicionales.

Hay que anotar además la responsabilidad que tuvo en el desenlace de la referida votación, el hecho que solo votaran por la aprobación pronta de la reforma 43 de los 60 legisladores de Gana Perú, Perú Posible y Alianza Palamentaria.

Ello puede ser consecuencia de la falta de disciplina y madurez de los legisladores de esas fuerzas aliadas, o, peor aún, podría dar pábulo a preocupantes conjeturas sobre la falta de cohesión de esas bancadas

jueves, 10 de noviembre de 2011

Abuso. Empresa Jaamsa no quiere reconocer que Javier Rodrigo laboró por 9 años


Abuso. Empresa Jaamsa no quiere reconocer que Javier Rodrigo laboró por 9 años.

Gagó dirige Comisión de Trabajo, pero lo acusan de maltrato laboral

Lo niega. Julio Gagó hace posar a sus empleados deJaamsa con él. Nótese que Javier Rodrigo aparece detrás suyo.
Lo niega. Julio Gagó hace posar a sus empleados deJaamsa con él. Nótese que Javier Rodrigo aparece detrás suyo.
Imprimir
Legislador fujimorista no explica por qué gran parte de empleados que venden combis y fotocopiadoras son pagados por pequeñas empresas y vía facturas.
Miguel Gutiérrez R.
Maquinarias Jaamsa, una de las principales firmas abastecedoras de máquinas fotocopiadoras en el Perú  y en Colombia, enfrenta una demanda  por el impago de beneficios sociales.
La demanda laboral interpuesta por un ex empleado no llamaría usualmente la atención si no fuera porque el principal accionista y gerente general de la empresa es el congresista fujimorista Julio Gagó Pérez, actual presidente de la Comisión de Trabajo, comprometido públicamente–según él mismo lo  prometió  en su campaña electoral– en la mejora de las condiciones laborales de los trabajadores del país.
Según la denuncia de Javier Rodrigo Mantilla, presentada ante el Ministerio de Trabajo,  exige que la empresa denominada Maquinarias Jaamsa le reconozca los 15 años que trabajó ininterrumpidamente en esa compañía al lado de Julio Gagó y sus hermanos.
Rodrigo Mantilla cuenta que  Jaamsa, distribuidora exclusiva de las principales marcas de fotocopiadoras, le entregó la representación en el Perú de Minolta y luego a partir de los años 2004 y 2005, de Konica Minolta.
Refiere que se desempeñó en el área de ventas como asesor de ventas, asesor corporativo y consultor, trabajando a veces con la accionista de Jaamsa, María Gagó.
Rodrigo cuenta en su denuncia que como todo trabajador de Jaamsa registraba su horario de ingreso de entrada y salida, además de recibir por movilidad diez soles adicionales a su sueldo mensual.
Cuando no salía a ver a sus clientes, entidades del Estado que compraban fotocopiadoras a Jaamsa, permanecía en la oficina de Jaamsa en Lampa, en su propia oficina.
Sin embargo, la relación laboral se resquebrajó en julio pasado cuando Rodrigo pidió al gerente general, Julio Gagó, el pago de unas comisiones que le debían.
Ante el silencio de la empresa, Rodrigo Mantilla envió a sus directivos una carta notarial, la que fue respondida días después con otra proveniente del gerente de Jaamsa. En resumen, la empresa decía que no tenía ninguna obligación porque Rodrigo nunca había sido un trabajador de la empresa.
El ex empleado ha señalado como prueba a los inspectores del  Ministerio de  Trabajo, tarjetas personales y decenas de e-mails enviados a Julio Gagó, dando cuenta de la entrega de la venta de fotocopiadoras al Ministerio de Educación.
Era un vendedor ocasional
En oficio remitido al Poder Judicial, el gerente general Adrian Gagó Pérez, hermano del congresista fujimorista, afirma que es falso que sea un trabajador sujeto a régimen laboral que genere pago de beneficios sociales y que solo  iba a la oficina “en ocasiones que se interesaba vender y para cobrar sus respectivas comisiones”.
Consultado al respecto, el parlamentario Julio Gagó dijo a La República que “no tuvo conocimiento de ninguna demanda laboral en su gestión” y agregó que le “llama la atención que las denuncias aparezcan cuando él ejerce la presidencia de la Comisión de Trabajo.
El fujimorista no explicó por qué transfiere a sus empleados de Jaamsa a pequeñas empresas.
Otras denuncias laborales aparecen
La denuncia de Rodrigo Mantilla se suma a otras realizadas por ex empleados de los Gagó. Varios han señalado, con  documentos en mano, que se usa a algunos trabajadores para crear otras empresas y evadir responsabilidades laborales.
Barry Matzza Tagle trabajó quince años en Jaamsa, pero solo los primeros cinco años estuvo en planilla. Pese a un sueldo aceptable, Matzza migró a otra firma la cual sí le reconocía beneficios.  Por su parte, Rodolfo Soto Núñez ha presentado una denuncia policial porque la empresa no quiere reconocerle los 12 años laborados en Jaamsa.
“Nos hacen girar facturas para el sueldo y para el pago de las comisiones. Pagan a través de otras sociedades. La boleta de pago es emitida por Alex Armas, ligado a Copy Depot.de los Gagó”, indicó Matza.

Gustavo Gorriti analiza debilidades y fortalezas de los 100 días del gobierno de Humala

- Diario La Repùblica

Análisis

Gustavo Gorriti analiza debilidades y fortalezas de los 100 días del gobierno de Humala

Defensa e Interior, el punto flaco del gobierno de Humala
Defensa e Interior, el punto flaco del gobierno de Humala
Imprimir
Felicita Consulta Previa y critica política de seguridad del gobierno
Soldado y Estadista, por Gustavo Gorriti.
Cortesía de la Revista Caretas.

No faltan soldados-estadistas a lo largo de la Historia. Se hacen más escasos, sin embargo, en las sociedades democráticas, donde solo el voto lleva al poder y la ley regula su ejercicio. Pero los ha habido y los hay. Todos aprendieron a ser soldados primero, y luego supieron desaprender lo necesario para convertirse en estadistas.

Estuve pensando sobre el tema mientras borroneaba una evaluación de los primeros cien días en el gobierno del presidente Ollanta Humala. Me imagino que a estas alturas todos ustedes estarán empachados de esas evaluaciones, y yo también. Entonces solo dirá que este primer trimestre de gobierno ha sido en general bueno.

Para los asustados, este lapso ha sido tranquilizador; y para los esperanzados no ha sido decepcionante. Desde la ley de consulta previa hasta la mano dura con Telefónica, el mensaje ha sido casi siempre coherente: pragmatismo y cautela en la Economía, democracia en la forma y en el fondo, empatía (a riesgo del lugar común) con el pueblo y con los pueblos, mensaje claro de que el Estado no solo respeta las leyes sino también las hace cumplir, especialmente a los grupos que desde el fujimorato actuaron bajo la implcita premisa de que la ley era lo que se les exige a los demás.

Cien días es muy poco tiempo como para formarse una idea de lo que vendrá, y las tendencias pueden cambiar. La gente y los gobiernos empiezan a conocerse mejor cuando se cansan las sonrisas; cuando se va el frescor y toca bañarse y lavar la ropa.

Los gobiernos no solo se observan sino también se huelen. Vázquez Montalbán definió con un solo trazo memorable al franquismo: “… era feísimo (…) daba la impresión de que a todo el mundo le olían los calcetines”.

¿Qué olores describen mejor a los regímenes anteriores en este país? Respecto del montesinato y fujimorato se me ocurren algunos, pero esta es una Revista familiar. En cuanto al muy nuevo gobierno de Humala, me parece que todavía puede calzarse o descalzarse sin temor. ¿Y los escándalos y escandaletes de corrupción no le dan ya un cierto toque pecorino? Creo que no. Aunque se ha dejado atollar en el caso Chehade, la reacción del Gobierno ha sido, grosso modo, la adecuada, especialmente la del Presidente y la de su esposa, Nadine Heredia.

En resumen, el nuevo gobierno tuvo un primer trimestre entre aceptable y bueno en casi todos los sectores. Excepto en dos: Defensa e Interior. Es decir, en los ministerios de seguridad.

Es que hay dos estilos de gobierno diferentes: el que se aplica en el sector civil y el que rige para las Fuerzas Armadas y la PNP. En el manejo del primer sector se percibe a un estadista, todavía precario, pero con la dirección correcta y las condiciones apropiadas. En los sectores de seguridad, sin embargo, la sensación es la de un soldado (con su sombra) absorto en una microgerencia de horizonte estrecho.

Entiendo que parezca paradójico o se sienta contraintuitivo, pero creo que el presidente Humala debería alejarse (y alejar a su asesor, el coronel EP (r) Adrián Villafuerte) de la conducción directa, detallista de las FFAA (sobre todo el Ejército) y la PNP. Especialmente de lo que, en la última parte de cada año, moviliza las mejores habilidades estratégicas, los planes y campañas más complejos, las estratagemas, emboscadas y operaciones psicológicas más elaboradas: La lucha de promociones y de armas y, al final, de grupos e individuos en las silenciosas pero cruentas sillas musicales del ascenso o el retiro; el provecho o el ahuesamiento.

Estas son las etapas de los anónimos y las intrigas, de la búsqueda de protección y padrinazgo. Lo que debería ser un proceso meritocrático fluido y claro es cualquier cosa menos eso. Y si antes no era precisamente bueno, la época de Montesinos y Fujimori, perversa y corrosiva, dejó una marca infecciosa hasta hoy.

Los años pasados no fueron buenos, salvo excepciones, en el manejo de la Fuerza Armada. Ha habido, de nuevo, con excepciones, altos niveles de corrupción y bajos niveles de rendimiento en el comando. Pero por lo menos los mandos militares no tenían que mostrarle u ofrecerle sujeción a ningún asesor en seguridad sin responsabilidad formal ni cargo definido. La memoria de Montesinos estaba demasiado cerca. De hecho, sigue estando demasiado cerca como para ignorarla.

Por eso, no es en absoluto conveniente para el gobierno que el asesor Villafuerte ¿y también el presidente Humala? se dediquen al micromanejo de ascensos, retiros y colocaciones. El camino saludable en toda democracia que funciona bien, es el de la intermediación de ministros civiles entre las FFAA y la Policía con el presidente de la República.

Nadie duda, ni por un minuto, de que el Presidente es el jefe supremo de las FFAA y la PNP. Y como tal, debe estar bien informado para que sus decisiones, en el nivel que le corresponde, no solo sean finales sino certeras e inteligentes. Pero para eso necesita perspectiva y ésta requiere una cierta distancia de la atmósfera cerrada de las instituciones verticales. El Presidente debe tener la perspectiva global del Estado, sin la influencia ni la visión de túnel de la promo, el arma y, en algunos casos, de los pasados rencores.

Eso es particularmente importante ahora, cuando hay cuatro generales de la promoción de Villafuerte en los cargos más altos del Ejército (Ripalda, Moncada, Cabrera y Farach). Y cuando un número alto de miembros de la promoción del Presidente ascendió al grado de general.

En el Interior, las cosas no han sido mejores. Una amputación mayor se ha presentado como ¿reingeniera? y detrás de ella parece haber todos los viejos vicios que se dan cuando el Ejército toma el control del Ministerio del Interior. Lo primero que hace es debilitar y subordinar a la Policía. El coronel Villafuerte podrá recordar, por ejemplo, la gestión del fujimorista general Saucedo en el Ministerio del Interior y darse cuenta de lo desastroso que al final resulta ese camino.

Hay cosas que parecen astutas en el momento pero que a la larga terminan siendo contraproducentes y tóxicas. Por eso, hay ya muchas razones para preocuparse por la manera en que se maneja el sector de seguridad.

¿Que el Presidente es militar y que resulta lógico que se preocupe por lo que conoce? Sí, claro que es lógico. Pero, ¿sabe el Presidente lo que se dice de un abogado, por bueno que sea, que se defiende a sí mismo? Que tiene un tonto como cliente.

Los soldados que se convirtieron en grandes estadistas tuvieron que subsumir al soldado en el estadista. El presidente Humala admira a De Gaulle y tiene ahí el ejemplo del gran General cuando decidió que la guerra de Argelia debía terminar y no dudó en enfrentar a sus mandos militares. Tuvo la distancia como para ver el interés de Francia mientras los generales quedaban distorsionados por la visión corporativa.

El general George Marshall no llegó a ser Jefe de Estado, pero tuvo la capacidad de convertir su talento militar en la excepcional capacidad del estadista que guió la reconstrucción de las naciones devastadas por la guerra, incluyendo las que él contribuyó señaladamente a vencer. Un gran soldado terminó siendo un mejor estadista cuando supo pensar y actuar como tal.

Humala nunca dejará de ser soldado. Y eso está muy bien. Pero ahora y por lo menos durante los siguientes cinco años, le toca ser estadista.

INVESTIGANDO A GARCíA | Diario16

INVESTIGANDO A GARCíA Diario16

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Chehadegate

- Diario La Repùblica

Chehadegate

Imprimir

Balance preliminar del primer escándalo del gobierno.
Tras la turbulencia ocasionada por el pedido del presidente Ollanta Humala a Omar Chehade para que diera un paso voluntario al costado, y el ofrecimiento de este de no ejercer la vicepresidencia mientras dure la investigación, el escándalo perderá alguna intensidad. Tiempo, entonces, de un balance preliminar de muertos y heridos.
Chehade es, obviamente, el primer y principal damnificado. Estaba tan cantada la decisión que iba a tomar, que hasta este columnista pudo preverla ayer en este espacio. Dejar de ejercer un cargo que en realidad no se ejerce, como el de segundo vicepresidente, no constituye gran cosa, pero no deja de ser cierto que la invocación de presunción de inocencia es válida.
Lo es, sin embargo, desde un punto de vista jurídico, pues políticamente Chehade está, al menos durante este lustro, liquidado. No podrá ejercer interinamente la Presidencia ni alguna posición relevante en el Congreso. Si hace unas semanas dijo en una entrevista que le gustaría ser presidente en el 2016, ahora su mejor perspectiva es llegar como zombi a ese año.
El presidente Humala, por su parte, enfrentó la primera gran crisis de su gobierno por un escándalo que, sin duda, lo manchará. Sin embargo, y a pesar de una reacción que pudo ser mucho más veloz, la respuesta que finalmente ofreció es correcta en el sentido de marcar distancia con su cuestionado vicepresidente no obstante que este fue su abogado en un caso complejo como el de Madre Mía, pero respetando el marco institucional que establece que él no puede destituirlo.
En balance, es probable que, por todo ello, el presidente Humala salga fortalecido de esta crisis política, tanto por la naturaleza de su respuesta como por el hecho de que haber tenido esta crisis por un caso de corrupción, en una etapa temprana de su gobierno, dejará la sensación, en el interior del mismo, del riesgo que corren aquellos que en el futuro decidan emprendimientos indebidos como el seguido por el vicepresidente Chehade, de acuerdo con todos los indicios.
De otro lado, la oposición no sale fortalecida por el Chehadegate. Primero, porque –para variar– la denuncia vino desde la prensa. Segundo, porque esta no ha llevado la voz cantante en la investigación a Chehade, ni se percibe algún líder de este sector como cabeza antagónica en este asunto. Algunos, incluso, tuvieron respuestas patéticas, como Keiko Fujimori, quien anteayer criticó la falta de liderazgo de Humala para exigir la salida de Chehade, sin apenas sonrojarse por la convivencia tan entusiasta de su padre con Vladimiro Montesinos.
De paso, finalmente, la megacomisión para investigar presuntas irregularidades durante el gobierno de Alan García salió mal parada en todo este entuerto por las bajas que se produjeron y por el hecho de recordar que la corrupción existe en todos los gobiernos.

¿Debe renunciar? En el fondo da lo mismo

- Diario La Repùblica

¿Debe renunciar? En el fondo da lo mismo

Imprimir

Está claro que Omar Chehade no tiene muchas ganas de renunciar a su vicepresidencia. Probablemente está calculando que mejor será enfrentar los juicios que le esperan como vice que solo como congresista, o acaso espera canjear su renuncia por un mejor trato en el proceso. Desde un punto de vista legal da más o menos lo mismo.
Como el cargo de vice es inocuo, nadie se tomó nunca la molestia de reglamentar una contingencia como la actual. En esa tierra de nadie podría seguir hasta el final, como ese zombi que dice Augusto Álvarez, incluso en la extraña figura de un vicepresidente inhabilitado por una condena. Tema para los abogados constitucionalistas.
En los hechos lo que está haciendo Chehade es incomodar al presidente, como demostración viviente de una mala decisión. Pero allí termina su influencia en el Ejecutivo. Su renuncia sería, en consecuencia, un acto de buenos modales frente a quien tuvo la amabilidad de llevarlo en la plancha, y no tanto un gesto político.
La decisión de no renunciar más bien sería un gesto impolítico. Pues Chehade vicepresidente corre el riesgo de convertirse en el símbolo de la firmeza de Gana Perú en la lucha contra la corrupción, lo cual podría a su vez traducirse en nuevas acusaciones por el camino. Tampoco podría esperar simpatía en las filas opositoras.
El choque Humala-Chehade igual hubiera llegado más temprano que tarde, aun de no haber existido Andahuasi o Las brujas de Cachiche. Pues desde un primer momento Chehade cultivó un alto perfil que nunca conviene a los vicepresidentes, y que en este caso ha contrastado mucho con el discreto estilo de Humala.
Alguna vez Víctor Andrés García Belaunde oyó a Fernando Belaunde decirle a Raúl Diez Canseco, vice renunciante de Alejandro Toledo, algo así como “a nosotros los presidentes no nos gustan los vicepresidentes protagónicos”. Años después, al oír la frase de FBT, Alan García le dijo al congresista, más o menos, “yo prefiero a mis vicepresidentes agónicos”.
 Al haber tomado clara distancia de Chehade con la sugerencia de que renuncie al Ejecutivo, Humala ha resuelto una parte del problema que su primer ministro llamó una piedra en el zapato. Sin embargo el caso mismo se va a arrastrar por un cierto tiempo en los otros poderes del Estado. Inevitable mala prensa para el gobierno.
El incidente podría servir para reconsiderar algunos ajustes en la arcaica institución de los vicepresidentes, ya reducidos a la condición de encargados del despacho presidencial (no de la presidencia) cuando el titular viaja. Además hay algo de cruel en tener a dos personas esperando en el limbo su momento por cinco largos años.