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martes, 15 de noviembre de 2011

Ollanta: los días que vienen


Ollanta: los días que vienen

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El presidente Humala llega a los cien días de su gobierno con la puesta en marcha de Pensión 65, una de las promesas bandera de  la campaña que lo llevó a Palacio de Gobierno. Otras ofertas cumplidas son el aumento de la remuneración  mínima vital  en su primer tramo (el segundo debe salir en enero próximo), el impuesto a las ganancias mineras y la promulgación de la Ley de Consulta Previa que estuvo archivada por cinco años. Lo del gas del lote 88  para el mercado peruano –que debía lanzarse en estos días– sigue en compás de espera. Las negociaciones con el consorcio de Camisea, pese a los esfuerzos del gobierno, aún no arrojan un resultado concreto por la reticencia de uno de los socios del conglomerado empresarial. Es verdad que cien días es un periodo  corto para juzgar el gobierno de OH, pero sí, tal vez, el suficiente para hablar de alguno de los desafíos que tiene por delante en los más de 1,500 días que le quedan. Y, claro, también de sus errores.
El informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) –Desarrollo Humano 2011– plantea un reto al   presidente Humala, mucho más cuando la inclusión social es el eje central de su discurso. El documento revela la enorme desigualdad social que existe en nuestro país, lejos por supuesto de las cifras oficiales que exhibía García a cada momento para decirnos que el “Perú avanza”. Lo concreto es que tenemos un 19,9% de pobres multidimensionales, lo que nos ubica, como país, en el antepenúltimo lugar.
 A diferencia de los que nos dicen los defensores del modelo, el estudio del PNUD recuerda que la cobertura de un consumo mínimo –pobreza multidimensional– no es sinónimo de que las personas dejen de ser pobres. Son familias en las que están ausentes la educación, la salud y  un adecuado nivel de vida. El Nobel de Economía Amartya Sen propone que los Estados deberían preocuparse por contribuir a establecer una especie de primer piso en el que los niños tengan las mismas oportunidades de aprendizaje  y desarrollo , y luego en una segunda fase cada uno avance según su capacidad o inteligencia.  Hoy en el Perú millones niños no reciben una educación adecuada que los prepare para la universidad o una carrera técnica. La desnutrición y la mortalidad infantil siguen siendo uno de los males de nuestros infantes, y las familias viven en condiciones extremas, con viviendas de estera y sin servicios de agua y electricidad.
Otro desafío son los conflictos sociales que tiene en camino, en su mayoría vinculados al medio ambiente. El más reciente es el proyecto minero Conga que enfrenta a los comuneros de Celendín con la minera Yanacocha. Pero más allá están los de Puno, Arequipa, Cusco, Moquegua. Cada uno con su propia agenda. Hasta ahora el gobierno ha buscado hallar una solución a través del diálogo, pero aún no sabemos cómo reaccionará cuando veamos a los campesinos tomar las carreteras.
Los puntos débiles de este gobierno están en lo político. Los escándalos de corrupción que afectan a varios de sus congresistas y el caso Chehade han mellado su mensaje de lucha anticorrupción. El Presidente ha preferido responder estos casos con twitters y hablando poco, en un estilo opuesto al de su antecesor, pero, tal vez, sus asesores deberían decirle que hay momentos en los que un líder o un presidente no puede esconderse en el mutismo. El caso Chehade requiere una solución política porque empaña su actividad como gobernante. Tal vez el camino esté en lo que plantea Javier Diez Canseco en licenciar a su segundo vicepresidente hasta que concluyan las investigaciones en el Congreso y la Fiscalía. Lo que no puede hacer es obviar el problema. Hasta el próximo domingo.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Gustavo Gorriti analiza debilidades y fortalezas de los 100 días del gobierno de Humala

- Diario La Repùblica

Análisis

Gustavo Gorriti analiza debilidades y fortalezas de los 100 días del gobierno de Humala

Defensa e Interior, el punto flaco del gobierno de Humala
Defensa e Interior, el punto flaco del gobierno de Humala
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Felicita Consulta Previa y critica política de seguridad del gobierno
Soldado y Estadista, por Gustavo Gorriti.
Cortesía de la Revista Caretas.

No faltan soldados-estadistas a lo largo de la Historia. Se hacen más escasos, sin embargo, en las sociedades democráticas, donde solo el voto lleva al poder y la ley regula su ejercicio. Pero los ha habido y los hay. Todos aprendieron a ser soldados primero, y luego supieron desaprender lo necesario para convertirse en estadistas.

Estuve pensando sobre el tema mientras borroneaba una evaluación de los primeros cien días en el gobierno del presidente Ollanta Humala. Me imagino que a estas alturas todos ustedes estarán empachados de esas evaluaciones, y yo también. Entonces solo dirá que este primer trimestre de gobierno ha sido en general bueno.

Para los asustados, este lapso ha sido tranquilizador; y para los esperanzados no ha sido decepcionante. Desde la ley de consulta previa hasta la mano dura con Telefónica, el mensaje ha sido casi siempre coherente: pragmatismo y cautela en la Economía, democracia en la forma y en el fondo, empatía (a riesgo del lugar común) con el pueblo y con los pueblos, mensaje claro de que el Estado no solo respeta las leyes sino también las hace cumplir, especialmente a los grupos que desde el fujimorato actuaron bajo la implcita premisa de que la ley era lo que se les exige a los demás.

Cien días es muy poco tiempo como para formarse una idea de lo que vendrá, y las tendencias pueden cambiar. La gente y los gobiernos empiezan a conocerse mejor cuando se cansan las sonrisas; cuando se va el frescor y toca bañarse y lavar la ropa.

Los gobiernos no solo se observan sino también se huelen. Vázquez Montalbán definió con un solo trazo memorable al franquismo: “… era feísimo (…) daba la impresión de que a todo el mundo le olían los calcetines”.

¿Qué olores describen mejor a los regímenes anteriores en este país? Respecto del montesinato y fujimorato se me ocurren algunos, pero esta es una Revista familiar. En cuanto al muy nuevo gobierno de Humala, me parece que todavía puede calzarse o descalzarse sin temor. ¿Y los escándalos y escandaletes de corrupción no le dan ya un cierto toque pecorino? Creo que no. Aunque se ha dejado atollar en el caso Chehade, la reacción del Gobierno ha sido, grosso modo, la adecuada, especialmente la del Presidente y la de su esposa, Nadine Heredia.

En resumen, el nuevo gobierno tuvo un primer trimestre entre aceptable y bueno en casi todos los sectores. Excepto en dos: Defensa e Interior. Es decir, en los ministerios de seguridad.

Es que hay dos estilos de gobierno diferentes: el que se aplica en el sector civil y el que rige para las Fuerzas Armadas y la PNP. En el manejo del primer sector se percibe a un estadista, todavía precario, pero con la dirección correcta y las condiciones apropiadas. En los sectores de seguridad, sin embargo, la sensación es la de un soldado (con su sombra) absorto en una microgerencia de horizonte estrecho.

Entiendo que parezca paradójico o se sienta contraintuitivo, pero creo que el presidente Humala debería alejarse (y alejar a su asesor, el coronel EP (r) Adrián Villafuerte) de la conducción directa, detallista de las FFAA (sobre todo el Ejército) y la PNP. Especialmente de lo que, en la última parte de cada año, moviliza las mejores habilidades estratégicas, los planes y campañas más complejos, las estratagemas, emboscadas y operaciones psicológicas más elaboradas: La lucha de promociones y de armas y, al final, de grupos e individuos en las silenciosas pero cruentas sillas musicales del ascenso o el retiro; el provecho o el ahuesamiento.

Estas son las etapas de los anónimos y las intrigas, de la búsqueda de protección y padrinazgo. Lo que debería ser un proceso meritocrático fluido y claro es cualquier cosa menos eso. Y si antes no era precisamente bueno, la época de Montesinos y Fujimori, perversa y corrosiva, dejó una marca infecciosa hasta hoy.

Los años pasados no fueron buenos, salvo excepciones, en el manejo de la Fuerza Armada. Ha habido, de nuevo, con excepciones, altos niveles de corrupción y bajos niveles de rendimiento en el comando. Pero por lo menos los mandos militares no tenían que mostrarle u ofrecerle sujeción a ningún asesor en seguridad sin responsabilidad formal ni cargo definido. La memoria de Montesinos estaba demasiado cerca. De hecho, sigue estando demasiado cerca como para ignorarla.

Por eso, no es en absoluto conveniente para el gobierno que el asesor Villafuerte ¿y también el presidente Humala? se dediquen al micromanejo de ascensos, retiros y colocaciones. El camino saludable en toda democracia que funciona bien, es el de la intermediación de ministros civiles entre las FFAA y la Policía con el presidente de la República.

Nadie duda, ni por un minuto, de que el Presidente es el jefe supremo de las FFAA y la PNP. Y como tal, debe estar bien informado para que sus decisiones, en el nivel que le corresponde, no solo sean finales sino certeras e inteligentes. Pero para eso necesita perspectiva y ésta requiere una cierta distancia de la atmósfera cerrada de las instituciones verticales. El Presidente debe tener la perspectiva global del Estado, sin la influencia ni la visión de túnel de la promo, el arma y, en algunos casos, de los pasados rencores.

Eso es particularmente importante ahora, cuando hay cuatro generales de la promoción de Villafuerte en los cargos más altos del Ejército (Ripalda, Moncada, Cabrera y Farach). Y cuando un número alto de miembros de la promoción del Presidente ascendió al grado de general.

En el Interior, las cosas no han sido mejores. Una amputación mayor se ha presentado como ¿reingeniera? y detrás de ella parece haber todos los viejos vicios que se dan cuando el Ejército toma el control del Ministerio del Interior. Lo primero que hace es debilitar y subordinar a la Policía. El coronel Villafuerte podrá recordar, por ejemplo, la gestión del fujimorista general Saucedo en el Ministerio del Interior y darse cuenta de lo desastroso que al final resulta ese camino.

Hay cosas que parecen astutas en el momento pero que a la larga terminan siendo contraproducentes y tóxicas. Por eso, hay ya muchas razones para preocuparse por la manera en que se maneja el sector de seguridad.

¿Que el Presidente es militar y que resulta lógico que se preocupe por lo que conoce? Sí, claro que es lógico. Pero, ¿sabe el Presidente lo que se dice de un abogado, por bueno que sea, que se defiende a sí mismo? Que tiene un tonto como cliente.

Los soldados que se convirtieron en grandes estadistas tuvieron que subsumir al soldado en el estadista. El presidente Humala admira a De Gaulle y tiene ahí el ejemplo del gran General cuando decidió que la guerra de Argelia debía terminar y no dudó en enfrentar a sus mandos militares. Tuvo la distancia como para ver el interés de Francia mientras los generales quedaban distorsionados por la visión corporativa.

El general George Marshall no llegó a ser Jefe de Estado, pero tuvo la capacidad de convertir su talento militar en la excepcional capacidad del estadista que guió la reconstrucción de las naciones devastadas por la guerra, incluyendo las que él contribuyó señaladamente a vencer. Un gran soldado terminó siendo un mejor estadista cuando supo pensar y actuar como tal.

Humala nunca dejará de ser soldado. Y eso está muy bien. Pero ahora y por lo menos durante los siguientes cinco años, le toca ser estadista.

lunes, 7 de noviembre de 2011

¿Hay realmente una gran transformación?

  - Diario La Repùblica

Análisis 100 días después

¿Hay realmente una gran transformación?


 
Humala Tasso cumplió el viernes 100 días de gobierno
Humala Tasso cumplió el viernes 100 días de gobierno
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Carlos Meléndez, sociólogo de la Pucp y politólogo de la Universidad de Notre Dame
El pasado viernes se cumplieron 100 días del gobierno de Ollanta Humala. Conversamos con Nelson Manrique y con Rodrigo Barrenecha y publicamos sus entrevistas en LaRepublica.pe el pasado sábado. Nuestro último entrevistado de este especial es Carlos Meléndez, politólogo, ex investigador del IEP, que analiza si las señales y reacciones de esta administración nos pueden ilusionar con un cambio en el equilibrio del Poder en nuestro país.

José Miguel Silva  @jomisilvamerino

A grandes rasgos…¿cuál es tu balance sobre los 100 días de Humala como presidente?
Me parece que se puso la valla muy alta. Y esto va más allá del Plan de Gobierno o de la hoja de ruta. El elector peruano promedio no está evaluando si efectivamente cumple estas dos cosas. Lo que le importa es cumplir “la gran transformación”. Esto comprende dos cosas: la inclusión social-política y la lucha contra la corrupción. Si bien es muy pronto para analizar esto, pues son 100 días, se encuentran aspectos positivos y negativos aquí.

Sobre la inclusión social…
Si uno ve aspectos positivos, bueno, para empezar el estilo. Es un estilo muy inclusivo. Es muy parco en Lima, pero muy canchero o entrador cuando va a las regiones. Otro tema es la creación del Ministerio de Desarrollo y el nombramiento de una técnica con cualidades a resaltar. Sin embargo, vamos a ver recién si es que el simbolismo del estilo de Humala, y el tecnicismo de los profesionales que entran a esta entidad, es suficiente para toda la expectativa creada alrededor del tema.

Y sobre la lucha anticorrupción…
Más allá de la voluntad política, de las declaraciones de Humala y Lerner, o de los twits de Nadine Heredia, veo un gran déficit.  A Humala no hay que pedirle que cambie la sociedad peruana, que los choferes de los congresistas no manejen por las veredas. A él se le debe pedir dos cosas claras: que no tenga otorongos y que no tenga en el ejecutivo a políticos que se aprovechan de sus cargos para beneficiar a intereses particulares. Ese aspecto de la gran transformación está “en debe” (pendiente). No solamente por el caso de los congresistas o Chehade o Espinoza, sino porque no tiene partido político, y la gran transformación que se requiere es que tenga un partido, articulado, organizado y sólido. El requisito para una gran transformación política es que marque la diferencia con su propia organización política.

Pero muchos eran conscientes que Gana Perú no estaba preparado para hacer esa gran transformación que tú dices. ¿Las sorpresas quizás se podían esperar no?
Mira lo que dijo Abugattás, que no tienen excusa. Gana Perú no es nuevo. Han estado cinco años en el Congreso. No son nuevos, antes tenían esa excusa. Debieron marcar la diferencia seleccionando la gente al interior de su partido, y han demostrado ser uno más. ¿Cuál es la diferencia que marca el Partido Nacionalista como organización política con partidos como Unidad Nacional o Solidaridad Nacional? Ninguna. Ellos prometieron una gran diferencia en ese sentido.

¿Tiene Humala una estrategia de cubrirse en las declaraciones?  Los cuestionamientos han llegados a sus dos vicepresidentes…¿hasta cuándo servirá este estilo?
¿Qué sería más alto que una vicepresidencia? Humala tiene un estilo particular, no sé si él quiere ser moderado o parco, o si finalmente porque no sabe hacer política. Fíjate cuando está en Lima. Allí es más parco que cuando va al interior del país. En Locumba se suelta rollos y en Ica salta del estrado, porque en provincias se hace menos política.  Cuando habla en Lima no está solo ante la prensa de la capital y frente la oposición sino también hacia la prensa internacional. Te repito, no sé si no habla mucho acá es por decisión propia, o si es porque asume sus limitaciones.

¿Puede un presidente gobernar teniendo esta estrategia o manejo que tú mencionas hacia la capital, Lima?
Lo mejor que tiene este gobierno es lo horizontal que se maneja hacia el interior del país. Simbólicamente es lo mejor. Comparado con nuestro presidente anterior, que casi no salía de la capital. Este presidente muestra un acercamiento. Es muy importante mostrar la cara presidencial en el interior del país. Sacar la cara en política en el Perú, es sacarla hacia el interior y no solo hacia fuera. Pero también hay que ser conscientes que debes tener una buena relación hacia los grupos de interés, porque algunos son muy fuertes.  Los medios de comunicación son uno, y los empresarios, otro. Creo que hasta ahora le está relegando mucho esta responsabilidad a Salomón Lerner Ghitis. Humala también debe ser horizontal con los poderosos del país, con los empresarios, por ejemplo.

¿Tú crees que hasta ahora no lo ha sido?
Yo creo que ahí se ve su debilidad para negociar, para ceder ante ciertas presiones. Estas renuncias de los viceministros de Cultura. Es raro que en tres meses que dos viceministros de este sector, que son claves para el tema de las inversiones, caigan como pasó. Creo que en esa cancha, Humala no ha logrado tener una estabilidad hacia su favor.

¿Estos cuestionamientos que tuvo Ricardo Soberón o García Naranjo, fueron más que todo un tema mediático en contra de Humala, o los consideras “justos”?
Si te das cuenta, García Naranjo y Roncagliolo son los dos ministros más “políticos” del gabinete. Tienen mucha más experiencia política y por ende son los flancos más comunes de la oposición, es decir, Humala tiene pocos ministros “políticos”, pero éstos son el pararrayos de la oposición, pues no tienen cómo atacar a los “técnicos”.

¿Por qué dices eso?
La derecha en este país ha estado acostumbrada a gobernar a través de tecnocracias y consultorías. Lo que la derecha no quiere es gente que tenga experiencia política de izquierda, y ellos dos la tienen de hace muchos años. Justas o no, las críticas han sido “políticas”. Lo que se debe ver es qué tan políticas son las críticas. Sin duda que la oposición ha encontrado en estos ministerios, la parte más débil de la madeja del nacionalismo.

Caso Chehade
En el caso Chehade, que ahora usa mucho la oposición. Es cierto que, digamos, aquí nadie obligó al vicepresidente a llamar a dos generales para hablar de Andahuasi ¿no? ¿Es como si los problemas del gobierno parecen, en este caso, estar siendo “auto generados”?
Chehade es una persona sin experiencia política. Tiene experiencia como profesional pero es nuevo en política y al ser nuevo no sabe los límites de sus funciones, de sus responsabilidades y cuándo eso se convierte en un delito. Esto ha pasado porque la prensa se ha fijado en ellos. Esto podría pasar como ha pasado en anteriores gobiernos. La gente comete errores y a veces delitos. No sabemos cuál de los dos es, pero sí se ve que ha pecado de una inexperiencia muy grande. Me hace recordar a Toledo diciendo “no pensé que gobernar era tan fácil”.

¿Chehade pudo haber dicho esa frase?
Tal vez pudo haberlo dicho. Humala no, pero muchos de sus cuadros quizás llegaron al gobierno con una actitud “toledista” de “yo sé lo que se debe hacer acá”. Son como los nuevos ricos políticos, no de dinero, sino de capital político.

Como si el poder le hubiera llegado así de la nada…
 ¿Tú crees que hace un año Chehade creía que iba a ser vicepresidente? Y hace poquito nomás ha dicho que le gustaría ser presidente.

¿Qué pasa cuando una persona como él, entra en política lanzando serios discursos contra la corrupción, y ahora termina del otro lado, respondiendo y defendiéndose de una presunta corrupción?
En política las palabras no se las lleva el viento, sino que regresan como un búmerang en contra de quiénes las dijeron. Lo que sucede es que la izquierda tuvo la oportunidad de poder atacar a la derecha desde diferentes posiciones, pero lo que nunca se imaginaron es que esa misma vara desde la que medían, la iban a usar ahora en su contra.  Obviamente no sabían cómo era gobernar. Estar en la rutina te genera cierto discurso, que una vez que pasas al oficialismo debes adaptarte a las mismas reglas que tú estableciste. Levantaron banderas y ahora deben responder de acuerdo a ellas.

¿En política no hay muertos, pero Humala ya perdió a Chehade como alfil no?
En nuestro país es muy complicado resarcirse del desprestigio que te puede dar una acusación de corrupción. Imposible no es, pero debes tener mucha habilidad, sino miremos el caso e Alan García y el APRA, que volvieron al poder. Yo no sé si Chehade va a estar a la altura para poder reinventarse como un político.

¿Qué otra cosa te parece que está pendiente?
Algo que no ha cambiado para nada es el alto nivel de personalismo.

¿A qué te refieres?
Otra gran transformación que necesita el país es la de las instituciones.  Se requiere más instituciones que personas. La última encuesta del Poder pone a la primera dama en tercer lugar te habla del alto nivel de personalismo que tiene este gobierno. No es posible que para que nombren a una persona, deba haber el visto bueno de su esposa. Es el presidente quién debe tomar las decisiones junto a sus asesores. ¿Cuántas decisiones pasan por la primera dama? Ojo, mucho cuidado con el personalismo en la política. Alan García pecó con eso, y Humala no se está diferenciando mucho, no tanto porque sea ególatra o porque habla a cada rato, sino que al momento de tomar decisiones, estas pueden no ser consultadas o ser parte de un proyecto, sino que quizás circulan únicamente entre él y su esposa.

Se dieron varios nombramientos que luego fueron anulados. El caso de Maurate en la Dicscamec, o del primer jefe de Indeci que fue cambiado al muy poco tiempo de ser designado. ¿Qué indica estas reacciones?
Una cosa es la voluntad y otra es la capacidad. Este gobierno tiene la voluntad de hacer las cosas bien, lo que dudo es de la capacidad que tiene para hacerlas. No dudo de su buena voluntad, pero no sé si tengan la capacidad para poder desactivar problemas que puedan llegar a grandes escalas.  Muchos hablan de una luna de miel porque hay un 60% de la población a favor del gobierno. Yo no sé qué tan cierto sea esto, teniendo en cuenta la gran cantidad de conflictos sociales en el país. No son conflictos contra Humala sino más bien contra la política del país. Tanta gente movilizándose en Cajamarca no es una luna de miel.

El caso de la minera Conga, con los cuatro mil millones de dólares de inversión versus una gran población anti minera puede terminarse convirtiendo en una prueba de cómo este gobierno se maneja frente a las inversiones
Creo que Conga puede ser una evidencia de si estamos frente a la “transformación” que ofrecía Humala en campaña. Este es un caso típico de conflicto social que le estalló a Toledo y a García, donde el Estado debía tener una presencia por encima de los requerimientos de la ciudadanía pero también por encima de los intereses empresariales. Ahora recién empiezan los desafíos para este gobierno.  Yo creo que vamos a ver si Humala es capaz de hacer una gran transformación o va a seguir gobernando en piloto automático, como se ha venido haciendo hasta ahora.

En cuanto a las grandes propuestas de gobierno. Tú hablas de un piloto automático. ¿Qué podría venir en el futuro?
Efectivamente, creo que venimos en piloto automático, pero yo creo que Humala sí ha agarrado el volante. Puedes estar en piloto automático y desentenderte del país, pero creo que con Humala no pasa eso.  Se notó que tenía el timón cuando pasó lo de la consulta previa, o lo de la negociación del gravamen minero. Ahí cogió muy bien el timón, pero luego, nos dimos cuenta que está en una etapa de aprendizaje. Lo que se viene en el país es básicamente un presidente que va a tener que aprender a sobrevivir entre las presiones de los grupos de poder y de los sectores sociales. Los presidentes anteriores decidieron que las presiones de los grupos de poder eran mucho más fuertes, y ahora Humala ha prometido inclinarse hacia el otro lado, lo cual es inédito. Cambiar el equilibrio de poder fue su promesa. No sé si alguien sin partido, sin experiencia política, con una bancada frágil, alguien sin una burocracia especializada o técnicos, puede o no hacerlo.

Hildebrandt calificó a Humala “un buen administrador del país”. En todo caso si vamos ahora en piloto automático, cuando le exploten los problemas se verá en aprietos, pues no tiene muchos que lo puedan defender. ¿Si no se defiende mucho Humala…qué necesitaría?
Primero fortalecer una organización política propia, y dos, tener políticas sociales claras y de una vez. Operadores y dirigentes políticos a nivel nacional. Tiene muy pocas balas. A Lerner, a Abugattás y un par más. No hay cuadros a nivel nacional y menos a nivel local, y así no se puede hacer una gran transformación. Por otro lado, las políticas sociales de los últimos 10 años han sido muy limitadas. Se necesita redistribuir de manera directa hacia la gente. Estos programas de transferencia directa que hay en países como Bolivia, Brasil, Argentina o Guatemala, es una necesidad para ver un cambio en las políticas sociales. Humala maneja el avión pero no sé si tenga copiloto o tripulantes que puedan soportar todo el vuelo.

LOS CIEN DÍAS

Columnistas | 07-11-2011 | Maribel Toledo Ocampo - Diario 16

LOS CIEN DÍAS


Cien días han pasado desde que Ollanta Humala se ajustó la banda presidencial para dirigir los destinos de todos los peruanos y dos cosas -por lo pronto- han quedado claras: no es el monstruo chavista que sus adversarios pintaban ni tampoco el revolucionario que rompería con el modelo económico imperialista, castrador, poco equitativo, y todos los calificativos dados en campaña a esa derecha que él mismo combatía.

Ollanta Humala ha sido, en sus primeros días, más bien conservador. En sus actos y en sus formas. Su bajo perfil mediático ha caído simpático entre los peruanos que lo respaldan con el 60% de aprobación. Una cifra que nunca tuvieron sus 2 antecesores: Alejandro Toledo y Alan García. Parece que la campaña de miedo creada por sus enemigos políticos no solo le sirvió (en efecto búmeran) para ganar la elección, sino para sostenerse en sus primeros días como mandatario. Ante los pronósticos de un tsunami, un terremoto, una catástrofe, los ciudadanos que no votaron por él reciben los pequeños temblorcillos casi con agradecimiento. No fue tan malo y eso- con nuestra experiencia política de desilusiones- se traduce como bueno.

El presidente Humala ha cumplido en estos 3 primeros meses con establecer la ruta de lo prometido. En algunos casos de manera seudoengañosa, como en el tema del famoso impuesto a las sobreganancias mineras que terminó siendo un gravamen. Aunque -hay que decirlo- de 3 mil millones de soles anuales, mucho más de lo logrado en el pasado gobierno con el “óbolo voluntario”. Se ha cumplido también con la promulgación de la ley de consulta previa, el aumento del sueldo mínimo, la activación de Pensión 65, la puesta en marcha del Consejo Nacional de Seguridad y la creación del Ministerio de Inclusión Social.

Pero, de otro lado, este inicio auspicioso se ha visto ensombrecido por el maldito cáncer de la corrupción que se resiste a abandonar a nuestra clase política. El último escándalo de Omar Chehade ha sido, sin duda, la denuncia periodística de mayor sustento de estos primeros días. La reunión en ‘Las Brujas de Cachiche’ con los altos mandos policiales en favor del grupo Wong para el desalojo de la azucarera Andahuasi, nos cuenta la misma historia de siempre. Nos aleja de una gran gransformación en la lucha contra la corrupción y el tráfico de influencias.

Ahora bien, seamos justos. Es el entorno de Ollanta Humala el que empieza a flaquear en este aspecto y no el propio mandatario. Si no son sus hermanos que se sienten presidentes (La última de Antauro ha sido llamar al Jefe de Estado “ambiguo” y que su gobierno está maquillado para el “saqueo” y el “choreo”), son sus ministros los que perjudican al mandatario con su escasa sensibilidad o falta de compromiso (García Naranjo bailando reggaeton tras la muerte de 3 niños por intoxicación, y Susana Baca cumpliendo con su recargada agenda de cantante como tema prioritario). Los congresistas no se quedan atrás: el ‘come oro’ y la ’roba cable’ hacen gala de otra tara que ha caracterizado a nuestra política de siempre: el oportunismo y la improvisación en la conformación de los partidos, que son los que deberían más bien contribuir a la estabilidad de la figura presidencial, que en democracias débiles –como la nuestra- es imprescindible.

Pero si el desmarque de los personajes más sombríos de su entorno no es oportuno, Ollanta Humala corre el riesgo de convertirse en el próximo Alejandro Toledo y ser flanco de un linchamiento mediático continuo por los errores de otros. En el poder, la inacción puede convertirse en complicidad, por lo menos ante los ojos del escrutinio ciudadano.

Queda ahora en los 1727 días restantes zafar del conservadurismo de la forma para dar paso a la Gran Revolución del fondo. Que el Consejo de Seguridad sea más que una reunión de expertos elaborando teorías. Que el Ministerio de la Inclusión no se convierta en una iniciativa tan solo nominal e idealista de algo que él prometió hacer realidad. Recién empieza el momento que diferenciará a un soñador de un estadista.

sábado, 13 de agosto de 2011

Sinesio López: Señores de la derecha, si quieren volver a gobernar, esperen el 2016

Sinesio López: Señores de la derecha, si quieren volver a gobernar, esperen el 2016

 

Sinesio López: Señores de la derecha, si quieren volver a gobernar, esperen el 2016
"Señores de la derecha y la ultraderecha: salvo en dos o tres ocasiones, Uds. han gobernado durante dos siglos y lo han hecho muy mal. Si quieren volver a gobernar esperen cinco años, compitan y ganen las elecciones. No chantajeen ni esperen que les regalen el gobierno, habiendo perdido", expresa Sinesio López en su columna de hoy.
Estado y gobierno, por Sinesio López
Cada vez que se produce un cambio democrático de gobierno  aparecen en el escenario dos errores más o menos conocidos. Por un lado, los que triunfan en las elecciones generales creen que han obtenido el Estado como parte del botín.  Esto ha sucedido especialmente con los partidos más organizados como el Apra que, en sus dos gobiernos anteriores, llenó el barco estatal de compañeros: una expresión clara de nuestra acendrada tradición patrimonialista. Por otro, los que pierden las elecciones niegan a los triunfadores el derecho a gobernar y a ocupar los puestos de mando del Estado. Eso hace parte de nuestra escasa tradición democrática de la alternancia en el poder.
El partido que triunfa en las elecciones obtiene, no el Estado, sino el gobierno. ¿Cuál es la diferencia? ¿Qué es el Estado y qué es el gobierno? El Estado es una macroestructura (integrada por el sistema legal, la burocracia, el monopolio de la violencia, la distribución del poder en el territorio y un sistema de referencia política para la nación) organizada para ejercer el dominio político y construir el orden legítimo. Cuando la ley domina y limita a todos los elementos que integran el Estado, este se llama Estado de Derecho. Este no es totalmente el caso peruano. Tenemos normativamente pero no  efectivamente un Estado de Derecho en la medida que la ley no llega realmente a todo el territorio ni a todos los peruanos por igual. Tampoco la seguridad, la educación, la salud y la nutrición llegan a todos los peruanos por igual. El Estado en el Perú es más chico que la sociedad y que el territorio peruano en el que ejerce su jurisdicción.
El gobierno es, en cambio, una parte del Estado constituida por el conjunto de puestos de mando que lo pone en marcha. Esos puestos de mando son ocupados legítimamente por el elenco gubernamental del partido ganador. En las últimas elecciones, el triunfador fue Ollanta Humala respaldado por una corriente nacionalista, una corriente de izquierda y otra democrático-liberal. Es legítimo, por consiguiente, que los representantes de estas corrientes gobiernen y es legítimo también que el presidente Humala invite a representantes de otras corrientes (que no triunfaron) a participar en un gobierno de concertación. Lo que no es justo es que los que perdieron las elecciones cuestionen la legitimidad de los triunfadores y sus representantes para gobernar.
Se cuestiona, por ejemplo, que el Presidente coloque a militares retirados en algunos puestos de gobierno. Cuando los nombra el presidente Humala está mal, pero cuando los nombraba García estaba muy bien. Si los militares retirados son fujimoristas la derecha les da la bienvenida, pero cuando no lo son se irrita y grita contra el militarismo que supuestamente nos amenaza. Algunos críticos, autoerigidos en sumos pontífices de la gobernabilidad, se han atrevido incluso a descalificar a destacados oficiales retirados antes de haber ejercido sus funciones. Lo mismo sucede con la izquierda y sus cuadros. A la derecha le duele que los intelectuales y tecnopolíticos de izquierda, que apoyaron la candidatura de  Ollanta Humala, que se han formado en las mejores universidades del Perú y del extranjero y que tienen experiencia de gestión, participen en el gobierno.
La ultraderecha transforma la discrepancia en discriminación y, si pudiera, la transformaría en muerte. Entonces sería feliz. El Perú sería un paraíso sin izquierdistas. Señores de la derecha y la ultraderecha: salvo en dos o tres ocasiones, Uds. han gobernado durante dos siglos y lo han hecho muy mal. Si quieren volver a gobernar esperen cinco años, compitan y ganen las elecciones. No chantajeen ni esperen que les regalen el gobierno, habiendo perdido.
P.S.: Acabo de ver la genial caricatura de Carlín (LR, 12 de agosto) en la que connotados personajes de la derecha quieren atarantar al presidente Humala gritándole: ¡Dobla a la derecha! ¡No mires al retrovisor! ¿Por qué no hablas? ¡Más despacio! ¡No toques los cambios! ¡No me das confianza! ¡Eres oscuro! Caricaturistas como Carlín son los mejores analistas de la coyuntura política.

sábado, 30 de julio de 2011

POR LOS PRINCIPIOS Y LOS VALORES DE LA CONSTITUCIÓN DEL 79. JURAMENTO DEL PRESIDENTE OLLANTA HUMALA

POR LOS PRINCIPIOS Y LOS VALORES DE LA CONSTITUCIÓN DEL 79. JURAMENTO DEL PRESIDENTE OLLANTA HUMALA

Habla Sonia Luz

Como hoy se inicia en el país un tiempo que esperamos distinto y bueno, no sorprendió que en la Juramentación ante el Parlamento Nacional el presidente Ollanta Humala invocara los PRINCIPIOS Y VALORES  de la Constitución Política del Perú promulgada, luego de un amplio debate, por la Asamblea Constituyente de 1979.
Considerando que para muchos el texto y el espíritu de la Constitución de 1979   son  desconocidos,  transcribo  el  PREÁMBULO
Nosotros, Representantes a la Asamblea Constituyente, invocando la protección de Dios, y en ejercicio de la potestad soberana que el pueblo del Perú nos ha conferido;
CREYENTES en la primacía de la persona humana y en que todos los hombres, iguales en dignidad, tienen derechos de validez universal, anteriores y superiores al Estado;
Que la familia es célula básica de la sociedad y raíz de su grandeza, así como ámbito natural de la educación y la cultura;
Que el trabajo es deber y derecho de todos los hombre y representa la base del bienestar nacional;
Que la justicia es valor primario de la vida en comunidad y que el ordenamiento social se cimenta en el bien común y la solidaridad humana;
DECIDIDOS  a promover la creación de una sociedad justa, libre y culta, sin explotados ni explotadores, exenta de toda discriminación por razones de sexo, raza, credo o condición social, donde la economía esté al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la economía; una sociedad abierta a formas superiores de convivencia y apta para recibir y aprovechar el influjo de la revolución científica, tecnológica, económica y social que transforma el mundo;
DECIDIDOS  asimismo a fundar un Estado democrático, basado en la voluntad popular y en su libre y periódica consulta, que garantice, a través de instituciones estables y legítimas, la plena vigencia de los derechos humanos, la independencia y la unidad de la República; la dignidad creadora del trabajo; la participación de todos en el disfrute de la riqueza; la cancelación del subdesarrollo y la injusticia; el sometimiento de gobernantes y gobernados a la Constitución y la ley; y la efectiva responsabilidad de quienes ejercen función pública;
CONVENCIDOS  de la necesidad de impulsar la integración de los pueblos latinoamericanos y de afirmar su independencia contra todo imperialismo;
CONCIENTES de la fraternidad de todos los hombres y de la necesidad de excluir la violencia como medio de procurar solución a conflictos internos e internacionales;
ANIMADOS  por el propósito de mantener y consolidar la personalidad histórica de la Patria, síntesis de los valores egregios de múltiples origen que le han dado nacimiento; de defender su patrimonio cultural; y de asegurar el dominio y la preservación de sus recursos naturales; y,
EVOCANDO  las realizaciones justicieras de nuestro pasado autóctono; la fusión cultural y humana cumplida durante el virreinato; la gesta de los Libertadores de América que inició en el Perú Túpac Amaru y aquí culminaron San Martín y Bolívar; así como las sombras ilustres de Sánchez Carrión, fundador de la República y de todos nuestros próceres, héroes y luchadores sociales, y el largo combate del pueblo por alcanzar un régimen de libertad y justicia.
HEMOS VENIDO A SANCIONAR Y PROMULGAR , como en efecto sancionamos y promulgamos, la presente:
CONSTITUCIÓN POLÍTICA DEL PERU
En: Alberto Ruiz-Eldredge, La Constitución comentada  1979. Lima, Editora Atlántida, 1º de febrero de 1980,  pp 21-22
Al  leer estos párrafos se entiende a cabalidad por qué la invocación del texto constitucional, fruto  del debate democrático, causó la descomedida reacción de algunos(as)  representantes de la dictadura oprobiosa que asoló el país en la década de los años 90′ , la misma que diseñó  una Constitución, la de 1993,   que alojaba entre sus más preciados “aportes”, la posibilidad de que la dictadura fujimontesinista se  perennizara en el poder.
Vivimos otros tiempo, el grito jubiloso que se escuchó repetidamente en el recinto parlamentario fue:  SÍ, SE PUEDE!   Exclamación de esperanza y compromiso en comenzar a construir una democracia  sana e inclusiva.
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DIFÍCIL OLVIDAR. Esa mancha llamada Fujimori

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Ollanta Humala: gobierno compartido y sin partido

Ollanta Humala: gobierno compartido y sin partido

Polítika
Blog de Fernando Tuesta Soldevilla
El 28 de julio, Ollanta Humala reemplaza a Alan García, constituyéndose en un evento no solo de transmisión de mando presidencial, sino en una nueva oportunidad para los peruanos, para superar tres períodos presidenciales que nacen de legítimos procesos electorales. El último, en 1990, terminó con el llamado autogolpe de Alberto Fujimori, poco antes de cumplir dos años en el poder. Y es que la vida democrática en el Perú ha sido corta, lo que supone un déficit para la construcción de una cultura de reglas de convivencia, que transiten por instituciones sólidas.
Los esfuerzos que se han realizado en la última década, con los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García, han sido insuficientes para un país que si bien ha crecido de manera sostenida, lo ha sido también de manera desigual, en la distribución de los beneficios. Eso se ha expresado en las desaprobaciones a las gestiones presidenciales a lo largo de la década. Por eso el triunfo de Ollanta Humala, fijó su objetivo de gobierno en el crecimiento con inclusión social.
Sin embargo el nuevo gobierno de Gana Perú es de minoría, al igual que lo fueron los de Toledo y García que, a diferencia des los casos históricos parecidos (Bustamante, 1948 y Belaunde 1968), no terminaron en golpes de Estado. Por lo que una relación adecuada de gobierno (sin mayoría) con el Congreso se convierte en casi una condición de gobernabilidad. O si se quiere, evitar un Congreso con mayoría de oposición.
Eso lo sabe Ollanta Humala, por lo que ha buscado alianzas políticas, sobre todo con Perú Posible, para conseguir el control del Congreso. Por su lado, el partido de Alejandro Toledo ha ganado cargos ministeriales y seguramente otros en la Administración Pública. Es pues, de alguna manera, un gobierno compartido.
Constituir el primer gabinete ha sido parte del reconocimiento de un gobierno de minoría. Pero no es solo eso. Es un gobierno, sin partido. No existe un solo militante del Partido Nacionalista. No por que la opinión pública prefiere (desde Fujimori) ministros independientes y/o técnicos, sino por que el partido de Ollanta Humala, no es la fuente para poder nutrir de cuadros de alto nivel para conducir los destinos del gobierno.
De esta manera, las decisiones se han concentrado –y así será probablemente, en adelante- en círculos concéntricos, en los que están ubicados básicamente personas de confianza del presidente, encabezados por la esposa Nadine Heredia y no por líderes políticos del partido ganador. Esto le ha permitido a Humala constituir un gabinete de amplio espectro político, generando amplias adhesiones. La tarea es, por lo tanto, dotar a esa amplitud, cohesión política.
Se tiene así un gobierno con un plural gabinete de inicio, que debe gobernar un país donde vive un tercio en extrema pobreza, alta desigualdad, demandas no resueltas, altas expectativas y conflictos sociales latentes. No es poco reto, para un gobernante que resulta claro que es más pragmático que ideológico.

etiquetas: pobreza, Partido Nacionalista, Ollanta Humala, Gana Perú, crecimiento

categorías: Partidos Políticos

sábado, 23 de julio de 2011

Raúl Tola: Por ahora ni Humala ni su gabinete son los agentes del Apocalipsis

Raúl Tola: Por ahora ni Humala ni su gabinete son los agentes del Apocalipsis

 

Raúl Tola: Por ahora ni Humala ni su gabinete son los agentes del Apocalipsis
"Convendría advertir que, de momento, ni Ollanta Humala ni su gabinete son los agentes del Apocalipsis que tanto se temió. Hay que permanecer alertas y denunciar los tropiezos y errores que se cometa –sobre todo si estos atentan contra la estabilidad democrática–, pero para ello estos primero deben ocurrir". Bajo esta premisa, Raúl Tola comenta agudamente los primeros atisbos del nuevo gabinete de Gana Perú.
Gabinete del Apocalipsis
Por: Raúl Tola
Resultado de un sinnúmero de negociaciones, marchas y contramarchas, el anuncio esta semana de buena parte del Consejo de Ministros ha servido al presidente electo Humala para perfilar el futuro inmediato, y de paso sacudirse algo del barro que le salpicó el viaje de su hermano Alexis a Rusia. Mezcla de técnicos, independientes, peruposibilistas y miembros de Gana Perú, el gabinete ha pretendido satisfacer múltiples intereses en disputa, dentro y fuera del partido de gobierno.
Como era lógico, estos primeros nombramientos han despertado polémicas y algunas suspicacias. Como se recordó, en su primer periodo Hugo Chávez ratificó de entrada a la viceministra de Hacienda del gobierno que lo antecedió, lo que fue aplaudido por los agentes económicos. Lastimosamente solo duró seis meses en el cargo, y ya sabemos lo que siguió en Venezuela. Repetir una experiencia similar y no mantenernos encarrilados dentro de los límites de la lógica económica que con tantos sacrificios ha sustentado el crecimiento de nuestro país sería un disparate y un suicidio. Además, el manejo equilibrado de nuestras finanzas no se contradice con la necesidad de implementar políticas sociales eficientes y sostenibles.
Está muy bien mantenerse vigilante, insistir en la crítica razonada y no dejarse engañar. Pero me temo que ese no es el espíritu que inspira el pesimismo que creo leer y oír en varios comentaristas. Entre otras cosas, a Humala se le ha pedido gestos claros para tranquilizar a los mercados, contraídos por la incertidumbre que generó su elección. Bajo esa lógica, ¿no son el nombramiento de un técnico honesto y capaz como Miguel Castilla en el MEF y la ratificación de Julio Velarde en el BCR medidas dignas de aplauso?
Da la impresión de que, hoy por hoy, alguno sectores viven en un permanente estado de negación, y sus recelos se han vuelto impermeables a la realidad. No se muestran dispuestos a cambiar de opinión sobre Humala aunque este llegase al final de su mandato cumpliendo cada una de sus sugerencias y atendiendo a cada una de sus críticas. Más que las ganas de fiscalizar, sus posturas parecen motivadas por un afán catastrofista y autocomplaciente: este gobierno debe equivocarse y fracasar, porque así lo han vaticinado.
Convendría advertir que, de momento, ni Ollanta Humala ni su gabinete son los agentes del Apocalipsis que tanto se temió. Hay que permanecer alertas y denunciar los tropiezos y errores que se cometa –sobre todo si estos atentan contra la estabilidad democrática–, pero para ello estos primero deben ocurrir. Finalmente, la verdadera independencia no solo estriba en decir lo que a uno le plazca, sino también en ser lo suficientemente honesto y lúcido como para felicitar los aciertos del contrario y criticar los errores del aliado.

sábado, 16 de julio de 2011

Espinosa transferencia

Espinosa transferencia

 
Por: Mirko Lauer
¿Cuándo termina la transferencia del poder? Formalmente este jueves 28. Pero diversas circunstancias sugieren que ella podría alargarse. Pues lo que hubiera podido ser una simple pasada de posta va camino de convertirse en un detallado balance público de la gestión del gobierno saliente. Una tarea que no tiene visos de ser corta.
La llegada de Valentín Paniagua a la presidencia en el 2000 tuvo la forma de una restauración democrática luego de la debacle institucional del fujimontesinismo. Digamos que el balance del anterior gobierno se había iniciado en las calles y terminó en procesos judiciales, algunos de los cuales siguen su lento camino.
Alejandro Toledo recibió el gobierno sin mayores reparos al anterior. Después de todo era el mismo proyecto, y en buena medida la misma gente. Al nuevo presidente le interesó mucho más celebrar su llegada a Palacio que hacer balances del gobierno saliente. La continuidad democrática sin baches era un valor muy cotizado en ese momento.
La instalación de Alan García en Palacio no fue muy distinta de la de Toledo. El proyecto del nuevo gobierno era sobre todo diferenciarse todo lo posible de la atropellada primera presidencia de García. Lo cual significó un marcado acento en el protocolo y los modales democráticos, y nada de tirar la primera piedra.
Seguramente en estos dos últimos casos hubo críticas a los anteriores inquilinos del Ejecutivo, pero quedaron asordinadas por el entusiasmo de las nuevas iniciativas. Aunque pocos la mencionaban, la palabra de orden en el caso de García era la continuidad. Incluso Toledo recién reclamó la paternidad de muchas obras en su campaña del 2010-2011.
Ahora estamos ante una situación distinta. El país ve al nuevo gobierno como un cambio multifacético (sobre todo de ideas y de estilo) dentro del proceso democrático, y el humalismo parece decidido a reforzar esa idea. Por ejemplo, convirtiendo a la transferencia del poder en una mezcla de auditoría y juicio de residencia al gobierno saliente.
¿El proceso puesto en marcha por Kurt Burneo y relanzado por Marisol Espinoza, la zarina de la transferencia, ha sido la ejecución de un proyecto previamente acordado? ¿O es algo que brotó espontáneamente de la necesidad de mitigar los efectos del caso Alexis? ¿Es coyuntural o va a recorrer los 17 ministerios?
En cualquiera de estos dos casos, el proyecto es ambicioso, pues supone revelar los malos o pobres manejos de un Ejecutivo antes de tener una real experiencia administrativa en el asunto. Como la continuidad en estas cosas es inevitable, un celo prematuro puede terminar convertido en un búmeran. Por eso las denuncias suelen dejarse en manos de los congresistas.

Al pan, pan y al vino, vino

Al pan, pan y al vino, vino

Diario La República
El reciente viaje de Alexis Humala en Rusia constituye un delicado y grave incidente político que no solo empañó la visita del presidente electo a los EEUU, sino abrió un intenso debate, marcado por malestar y preocupación, al conocerse algunas de las características del viaje. Al informarme inicialmente del viaje por la prensa, supuse que se podría tratar de un encargo partidario para hacer un gesto de invitación especial a una de las economías emergentes que –junto con Brasil, India y China– ayudan  a mover la economía mundial. Parecía coherente con el esfuerzo de diplomacia multilateral que Gana Perú ha planteado. Pero luego, fue claro que no representaba partidariamente al presidente electo ante el Estado o empresa alguna, conforme lo aclaró un comunicado de Ollanta Humala. Ello y la agenda de la visita cambiaban el panorama.
Todo indica que Alexis Humala organizó su viaje valiéndose de su calidad de hermano del presidente electo. Los comunicados rusos lo presentaron como delegado de éste y transmiten que sostuvo  tratativas con la Cancillería, empresas de gas, pesca y turismo. A Alan García no le parece mal, pero muchos –incluido el presidente electo– pensamos distinto, razón por la cual se le ha suspendido en sus funciones partidarias y se le ha abierto un proceso disciplinario y ético que deberá proceder a la brevedad. A muchos nos parece que el comportamiento de Alexis Humala indicaría, por lo menos, un aprovechamiento indebido del poder político que se instalará el 28 de julio. El proceso deberá definir una sanción clara y ejemplar, un mensaje de cómo se manejará la cosa pública.
Sin duda, las circunstancias también evidencian la necesidad de un manejo institucional y orgánico más articulado de Gana Perú, coalición política de fuerzas y personalidades que tiene como fuerza central al PNP. La reacción de Ollanta Humala, sin precedentes, es un mensaje positivo para el país. Revela una disposición a poner reglas de juego que son imprescindibles. Por un lado, que gobierno y familia son dos cosas distintas, y, por otro, que la función pública no puede ni debe mezclarse con intereses personales. Usar el poder político otorgado sin distinguir los intereses personales o hacerlo en provecho personal es patrimonialismo y configura diversas figuras delictivas.
Pero hasta hoy, estos manejos han pasado por agua tibia. ¿Olvidamos ya  que cuando las hermanas de Fujimori fueron acusadas por la primera dama de mal uso de las donaciones japonesas no les pasó nada y quien terminó en las carceletas de institutos armados y luego expulsada de Palacio fue Susana Higuchi? ¿Y la impune embajada de Aritomi y Rosa Fujimori en Japón por años, sacando recursos mal habidos del país y prófugos hasta hoy?
¿Ya perdió el recuerdo el analista político que hoy se rasga las vestiduras con la versión de que Ollanta Humala miente y que está tras el viaje a Rusia –a pesar de las medidas adoptadas sobre el caso Alexis– de su papel en la persistente negación de la paternidad de la hija de un Presidente? Ni qué decir del rey de los faenones que considera que no hay nada malo en esta forma de manejar vínculos con empresas por parte del entorno presidencial o del ex ministro de Justicia que movió el indulto a Crousillat y hoy denuncia usurpación de funciones. Nada se hizo anteriormente que se asemejara a la reacción actual frente a un hecho que no debe pasarse por alto.
Los mismos sectores de la prensa que impusieron la guerra sucia contra Ollanta Humala durante esta campaña ahora pretenden hacerlo responsable de la inconducta de un hermano que él mismo ha desautorizado, en lugar de encubrir. Ignorar que esta es una nueva actitud, que el mismo presidente electo pudo haber manejado las cosas de otra manera, sin la transparencia con que lo hizo, dándole un mensaje al país, pretende negarle la oportunidad de demostrar que un manejo distinto de las cosas está en curso.
Este parece ser un signo de los tiempos. Sin embargo, tendrá un aspecto positivo: obligar al gobierno entrante a demostrar en los hechos que se abren nuevos tiempos y nuevos estilos.

Sinesio López: Lo de Alexis podría costarle 20% menos de aprobación a Ollanta Humala

Sinesio López: Lo de Alexis podría costarle 20% menos de aprobación a Ollanta Humala

Diario La República.

Sinesio López: Lo de Alexis podría costarle 20% menos de aprobación a Ollanta Humala
"Mi hipótesis es que el mal manejo del affaire Alexis Humala por parte de Gana Perú y el acoso de los medios de la derecha van a costar entre 15 y 20 puntos en el ranking de aprobación del presidente electo", dice el reconocido politólogo Sinesio López en su columna de hoy, titulada "Carne para los buitres", donde comenta el affaire del hermano del presidente electo.
Carne para los buitres, por Sinesio López
En cualquier país del mundo, los errores políticos son solo eso: errores que se cometen en el ejercicio legítimo del poder y que reciben las respectivas críticas, también legítimas, de los opositores. En el Perú actual, sin embargo, ellos constituyen carne para los buitres. ¿Por qué? La derecha, especialmente la cavernaria e intolerante, tiene sangre en el ojo por partida doble.
El triunfo de Susana en Lima y el de Ollanta en el Perú le han dolido profundamente en el alma y en el bolsillo y está dispuesta a cobrar la doble humillación apenas pueda. Su objetivo es desgastarlos, deslegitimarlos y empujarlos al abismo y al fracaso para que los electores escarmienten y no vuelvan a elegir a políticos diferentes a los que siempre ejercieron el poder en provecho propio, salvo en tres ocasiones: 1945-1948, 1968-1975 y 2011-2016.
Los medios que la derecha maneja –que son casi todos– están al acecho y observan con lupa los errores de Susana y de Ollanta y los de sus colaboradores para transformarlos en un Waterloo político. La cuestión de la revocatoria de Susana sería un chiste si no fuera indignante. La derecha ha invertido y pervertido la política.
¿Con qué derecho y con qué moral los corruptos y sus voceros piden la revocatoria de una autoridad honesta que cumple el deber de fiscalizarlos? La ultraderecha apela al supuesto pobre desempeño de la alcaldesa limeña en el lapso de ¡seis meses! ¿Desde cuándo el mal desempeño –que no es tal– justifica una destitución? La desaprobación de Susana puede llegar a cero (por exagerar) y ella no justifica su revocatoria.
Harían bien los voceros de la ultraderecha en leer al que debiera ser su ideólogo, Edmund Burke, el brillante pensador conservador que, en debate con el Dr. Price a propósito de la revolución sensata (inglesa) de 1688 y de la revolución francesa, demostró que la pérdida de legitimidad por desempeño no fundamenta la pérdida de legitimidad de origen de una autoridad.
Lo que se quiere hacer con Susana es un globo de ensayo que apunta a hacer lo mismo con Ollanta en el futuro. Y la cosa ya comenzó con la torpeza del viaje a Rusia de Alexis Humala, los desmentidos del PNP, las precisiones de la embajada rusa sobre la invitación y el silencio de Ollanta. El presidente electo ha dicho a la prensa que él desconocía el viaje de su hermano. A mí me ha dicho lo mismo y le creo. Pero su silencio es un error que alimenta la voracidad carroñera de la derecha.
Me parece que Ollanta tiene que salir en todos medios diciendo lo que ya ha dicho en otras ocasiones refiriéndose a su padre: el presidente elegido soy yo y el que gobernará a partir del 28 de Julio es Ollanta Humala y no mi familia. Alexis Humala ha cometido un error y ya no está en el partido porque ha renunciado a él. Y punto. Mi hipótesis es que el mal manejo del affaire Alexis Humala por parte de Gana Perú y el acoso de los medios de la derecha van a costar entre 15 y 20 puntos en el ranking de aprobación del presidente electo. Lo peor del asunto es que ese error –que la derecha quiere convertir en acto de corrupción– mancha y borra la brillante performance de Ollanta en su viaje a USA y en su entrevista con Obama.
La derecha económica será pragmática y su conducta dependerá de la política económica del nuevo gobierno. La derecha política y sus medios, en cambio, se mantendrán a la ofensiva aprovechando el más pequeño error del presidente electo y sus colaboradores. Ollanta ha manejado y maneja su relación con los medios con guante de seda y con una tolerancia envidiable. Como analista no dejó de sorprenderme su respuesta serena frente a la guerra sucia de la segunda vuelta electoral. Ellos –decía– tienen derecho a expresar su opinión y –¡claro!– ahora se han puesto el polo naranja. Impecable. Pero la derecha provoca y no cesa de provocar. ¿Qué quiere? ¿Una profecía autocumplida? No creo que Ollanta les dé ese placer suicida.

viernes, 15 de julio de 2011

¿Un retorno a lo nacional, lo social, o una política neokeynesiana?

¿Un retorno a lo nacional, lo social, o una política neokeynesiana?

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En un país como el Perú, hablar de nacionalismo es anacrónico: las Ciencias Sociales plantean desde hace ya varias décadas la existencia de una realidad peruana plurinacional o multiétnica; por ello, exacerbar un discurso etnonacionalista o etnocacerista resulta ser lo más contrario a una política de integración de un país fragmentado como el nuestro. Durante la época republicana los peruanos hemos vivido entre el olvido y la marginación de la mayoría de los habitantes del país, ya que quienes asumieron el papel de representantes políticos fueron sectores ligados a los núcleos terratenientes y a la oligarquía exportadora.
El escenario que se presenta como nuevo realmente no lo es, ya que desde la década de 1980 el país vive modelos desordenados de participación: los sectores populares toman parte en varios niveles de la política nacional, sea como microempresarios, empresarios informales, artistas chichas o líderes obreros, campesinos, etcétera. Lo popular convive en todas partes con nosotros, pero las élites económicas no lo quieren ver: se limitan a comprar en Gamarra o en Polvos Azules, en El Hueco o Las Malvinas; o bailan tecnocumbia y ven Al fondo hay sitio; o sencillamente reconocen la necesidad de mejorar la educación técnica de la mano de obra para la construcción o la industria ligada a la exportación, es decir, Senati, Sencico, Tecsup.
Algunos limeños se dieron cuenta de la fuerza de la protesta popular y campesina apenas en la histórica Marcha de los Cuatro Suyos, pero aun así siguen observando a los sectores necesitados como una plebe sin derechos, sin capacidad de decisión y sin posibilidad de elegir a sus legítimos representantes políticos. Lo que se presenta como nuevo ahora no lo es: esta fuerza que lidera el Presidente electo es parte de la misma clase política que se recicla de una izquierda marxista, de la socialdemocracia, del centro progresista o de algunos efímeros liderazgos populares o sociales. Líderes cuyo discurso también es múltiple y diverso, ya que algunos, anclados aún en el marxismo-leninismo, presentan el lado más extremo del abanico humalista, en tanto otros plantean una revisión del liberalismo al estilo neokeynesiano, que busca dar un nuevo significado al papel del Estado.
Con este abanico multicolor, parecido a la bandera del Tahuantinsuyo, el humalismo no podrá consolidar una política que le permita cumplir sus promesas de cambio social, tan esperado por la inmensa mayoría que ahora tendrá que ser visibilizada por la política y la cultura oficial, es decir, por aquella élite limeña que no quiere dejar su papel histórico de ser la que definía el significado de Estado y política en el Perú.
En estos días los neokeynesianos parecen ser los voceros del recién electo Presidente: nos hablan de concertación y de frente social, de una diversidad de conceptos que justifican su falta de ideología y exceso de ofrecimientos o planes de gobierno. Lo que nos queda claro es que el formato Ollanta .3 (o .4) es un intento de conciliación con todo lo existente, incluido el orden establecido de los empresarios mercantilistas agrupados en gremios, sociedades, confederaciones, pero que deja de lado algunas cosas básicas que llevaron al ex comandante a las segundas vueltas del 2006 y 2011, y a la presidencia en este año. Ahora parece que se ha olvidado de los sectores populares.
Sus nuevos voceros, reciclados de Perú Posible o de las cátedras universitarias, hablan en el viejo lenguaje macroeconómico propio de empresarios e inversionistas, pero se alejan del lenguaje cotidiano, tan común en la propaganda electoral. Ahora nos acercamos a Brasil, hablamos de las bondades del modelo brasileño, de su industria, de su educación, de su progreso, etcétera. Pero se olvida que la gran mayoría de los peruanos estamos cansados del populismo, de las dádivas y de que nos traten de manera paternalista, como hacen nuestros vecinos amazónicos desde hace casi una década. Y también olvidamos o no queremos ver que ese modelo político de Estado tiene a más de cien millones de sus habitantes en pobreza extrema, que millones de brasileños no cuentan con propiedades rurales o urbanas, que el gobierno socialista de Lula es considerado como el que más agresivamente depredó y destruyó la tan apreciada Amazonía.

Algunos limeños se dieron cuenta de la fuerza de la protesta popular y campesina apenas en la histórica Marcha de los Cuatro Suyos, pero aun así siguen observando a los sectores necesitados como una plebe sin derechos, sin capacidad de decisión y sin posibilidad de elegir a sus legítimos representantes políticos.

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No obstante esa realidad, el modelo brasileño parece el único punto en común entre los miembros del abanico político humalista: a los extremistas les gusta el discurso paternalista de izquierda, ya que quieren su sociedad de bienestar, imitando a sus camaradas europeos antes de su actual crisis. También a los neokeynesianos les gusta este modelo, porque lo consideran apropiado, un Estado grande, promotor e inversor, aliado del gran capital internacional, con bajo nivel de protesta social, con pobres satisfechos por la ayuda estatal y bien entretenidos, como los brasileños con su fútbol. Este modelo agrada asimismo a los empresarios mercantilistas acostumbrados a recibir exoneraciones, devoluciones, protecciones, etcétera, ya que con él pueden recibir inversión estatal, dinero fresco que no pondría en riesgo sus capitales. Además, los empresarios empujan el carro de ese modelo por ser el que no defiende los derechos de los trabajadores, ya que se beneficia de la informalidad, ni, menos, los derechos de las minorías y los más vulnerables, como los niños y niñas, explotados y esclavizados en nuestro vecino amazónico en varios trabajos considerados inhumanos.
Otra de las ventajas que los empresarios ven en este modelo es que con él ya no tendrán que preocuparse del medio ambiente, la contaminación y la destrucción de hábitats y especies en peligro de extinción: el modelo brasileño, que destruye 500 hectáreas de bosque tropical amazónico al año, exime de responsabilidades a los empresarios y no pide permiso a comunidades indígenas: lo importante es el progreso, la industrialización y el crecimiento del PBI, y no los costos a futuro; y así se deja de lado cualquier tipo de análisis basado en el Índice de Desarrollo Humano, en el que la calidad de vida y la educación son partes de la ecuación del desarrollo de un país y no solo el crecimiento económico que tanto nos entusiasma. En este índice medido por el PNUD el Perú se encuentra en el puesto número 63 y Brasil en el 73, es decir, estamos en mejores condiciones que nuestro gran vecino.
Esperemos que esto no pase, que los miembros del abanico humalista tengan claro que el Perú presenta un alto grado de conflictividad social, que el 50% de los conflictos se originan por problemas ambientales, y que lo que en estos días vemos en Puno y ya vimos en Bagua, Moquegua, Tacna, Cusco, Áncash, etcétera, no debe repetirse.