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jueves, 13 de octubre de 2011

Plaguicidas, vasto crimen

Publicado: Jueves 13 de octubre del 2011 | Columna del Director | Imprimir | Compartir | 419 Lecturas César Lévano
César Lévano
Razón Social cesar.levano@diariolaprimeraperu.com
Los exámenes toxicológicos han demostrado, de modo terminante, que la intoxicación masiva que se produjo en el pueblo cajamarquino de Redondo y que causó la muerte de tres niños se debió al uso de una taza de aluminio contaminante. Había en ésta residuos de un plaguicida carbámico.

Hubo, pues, descuido. Descuido de las madres de familia, por una parte, y negligencia del personal de Programa Nacional de Asistencia Alimentaria (Pronaa), que no siguieron indicaciones previstas por funcionarios que fueran despedidos de la institución por denunciar irregularidades y peligros, y por no ser apristas.

Hay en ese nivel una culpa de ignorancia, es decir, de desconocimiento de lo amenazante de los plaguicidas. Hay asimismo responsabilidad de los funcionarios locales.

Pero hay una responsabilidad mayor, histórica. La de un Estado que no educa y previene respecto a los plaguicidas, y que incluso permite el uso de algunos que están prohibidos en el resto del mundo. Existe la llamada “docena sucia” de esos productos, que circulan en el país, con el auspicio virtual de los organismos públicos involucrados.

Hace tres meses, antes del cambio de régimen, la Comisión de Transición del Agro, designada por Gana Perú, descubrió en los almacenes del Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa) plaguicidas de la “docena sucia” con fecha vencida, pero actualizada para que se empleara pese a todo.

Tengo el pálpito de que había detrás un negocio corrupto y de que los funcionarios pertinentes eran apristas.

Un periodista de este diario, arequipeño vinculado al agro, me dice: “César, desde que tengo uso de razón he visto que personas del sector campesino mueren por contaminación de plaguicidas”.

Una amiga que vivió en Aucallama, que era una tranquila aldea de gente morena antes de que a alguien se le ocurriera establecer ahí una cárcel, me ha contado una tragedia local provocada por plaguicidas.

Doña Malena Alzamora de Dorador, gran dama del pueblo, tenía una tienda donde se expendía querosene, se pagaba la luz y se hablaba por teléfono con uno de esos aparatos con manivela. La señora manejaba las llaves de la iglesia donde estaba la Virgen del Rosario, patrona de Aucallama.

Como era una mujer de energía ejemplar, doña Malena trabajó una chacra de frutales. Cuando obtuvo LA PRIMERA cosecha de albaricoques, comió el fruto hasta el hartazgo. Ella y sus hijas fueron a dar al hospital, por envenenamiento con insecticidas. Las jóvenes se salvaron, ella murió.

La lección de fondo es que no hay en el país una Educación sanitaria, que preste atención al peligro de los agroquímicos. Eso se debería aprender desde la escuela, particularmente en el sector rural. “No puede haber buen gobierno, si no crea buen colegio”, señalaba mi informante genti

domingo, 9 de octubre de 2011

Perdón y responsabilidad política

Perdón y responsabilidad política
Raúl Wiener
Raúl Wiener
POLITIKA Analista
Después de la presentación de la ministra de la Mujer en el Congreso, los legisladores del PPC, Marisol Pérez Tello y Alberto Beingolea, se pasearon por los canales de televisión y la radio lanzando un solo mensaje: la ministra había estado soberbia y agresiva, cuando lo que se esperaba de ella era solamente una palabra: perdón, que no pronunció.

A esto, por cierto, se agregaba la precisión de que nadie creía que tuviera responsabilidad directa en las muertes, pero que sí había errado en las formas de afrontar la situación.

Pero lo cierto es que en el discurso de la ministra están consignados dos pedidos de disculpas por los errores graves de forma que alimentaron la crisis y dificultaron centrar el problema donde se debía: primero el asunto del baile (que generó disculpas por escrito casi inmediatas, reiteradas en la presentación ante el Congreso) y segundo el retraso del viaje a Cajamarca.

Ambas autocríticas están ahí y no vale la pena tratar nuevamente de explicar por qué es que se produjeron los errores, porque las explicaciones siempre suenan casi a justificación.

Entonces, ¿qué clase de otro perdón le están pidiendo a la ministra?, ¿no será que los temas de la izquierda insensible, del gobierno de la inclusión que culpa a los excluidos y de los críticos del pasado a los que se le mueren los niños, tienen demasiada carne para los que quieren encontrar algún carril para iniciar una oposición más o menos real y que hoy no existe?

En otras palabras no ven, ni pueden ver, los pedidos concretos de disculpas de la ministra a las madres y pobladores de Redondo, porque necesitan no verlos. Ven agresividad y fuerza en García Naranjo, porque la quieren sometida y derrotada, y por supuesto creen que a ellos les corresponde atacar y al nuevo gobierno bajar la cabeza.

Pérez Tello y Beingolea hicieron sin avergonzarse un claro papel de ideólogos de la barra brava Fujimorista del Congreso, que había llegado con sus discursos escritos, no para opinar sobre el discurso de la ministra, sino para insistir en que poco menos había matado a los niños y no lo quería reconocer echándole las culpas a las madres cocineras.

Esta lógica de articulación derecha-Fujimorismo, se puede descubrir nítidamente en el artículo de estreno en “Perú 21” de Cecilia Valenzuela, que celebra, casi con baile, que una oposición variopinta se una frente a un adversario inconfundible: la izquierda del gobierno, otorgándole un delicioso foco de ataque en la supuesta insensibilidad de la ministra “radical”. Lo mismo puede deducirse del titular de El Comercio del día viernes: “García Naranjo elude su responsabilidad política”.

¿Pero cuál es la “responsabilidad política” que se está pidiendo que asuma y que no se expresaría en el discurso de la Mocha? Digo esto después de los informes técnicos de criminalística policial y DIGESA (sector salud), que han dado categórica confirmación a la declaración inicial de la ministra: Los alimentos del Pronaa no estaban contaminados y el mismo producto al que se le encontró contaminación en una cacerola, no se le encontró en otra, o sea la contaminación se produjo en el proceso de la preparación y no proviene de la compra, el almacenamiento y la distribución que están a cargo del Pronaa, al margen de todos los problemas que efectivamente existen en esta institución estatal y que obligan a reestructurarla.

Parece que la única manera en que hubiera “asumido su responsabilidad” era si renunciaba y decía hemos fracasado en hacernos cargo de este Estado que ustedes crearon y siempre administraron, con una larguísima cadena de muertes que nunca fueron discutidas en el Congreso y por las que nunca pidieron perdón, así que se lo devolvemos

Culpas del Apra en Pronaa

Culpas del Apra en Pronaa
Diario La Primera del 09-10-2011
César Lévano
César Lévano
Razón Social cesar.levano@diariolaprimeraperu.com
El envenenamiento que causó la muerte de tres niños en Redondo, pueblo de Cajamarca, fue aprovechado por la oposición derechista para intentar traerse abajo a la ministra Aída García Naranjo. Ella se ha defendido con armas limpias, las de su inocencia.

Lo que ha quedado claro en el debate parlamentario es que los alimentos de Pronaa no estaban contaminados, como lo demuestran los exámenes forenses y toxicológicos. Éstos han comprobado asimismo que una de las ollas en que se preparó la comida tenía restos de insecticida.

Mauricio Mulder, líder del APRA, asegura, sin embargo, que la ministra tiene responsabilidad política “por no prever el hecho”. Le reprocha, en otras palabras, el no tener virtudes de pitonisa.

Yo creo que sí hay algo que reprochar a la ministra: el haber dejado intacto el aparato aprista, que a lo largo de años se ha apoderado de Pronaa en todo el territorio. Soy testigo de que ingenieros honestos y competentes, que eran dirigentes sindicales en Pronaa y fueron despedidos en masa por denunciar enjuagues y negociados, hace dos meses pidieron audiencia a la ministra, no para solicitar cargos, sino para advertir de peligros e inmoralidades. (El entorno de García Naranjo no ha atendido la solicitud).

Esas personas, que conocen mecanismos y funcionarios, han recibido denuncias de que en Pucallpa están entregando pan con fecha vencida y adulterada. Ahí, la jefa zonal es aprista y el 80 por ciento del personal, también. Les han informado que en Chimbote hay un lote de arroz con presencia de hongos. La responsable del control de calidad es aprista y el jefe de personal, también. No faltaba más.

En esta columna denuncié hace años que el APRA había despedido del Pronaa a todo el personal que tenía la responsabilidad de dirigir y vigilar el control de calidad y de almacén de los alimentos. Todos los problemas que ahora aparecen en la televisión y los diarios son consecuencia de que, tras deshacerse de los técnicos, que eran a la vez dirigentes sindicales, Pronaa contrató apristas corruptos, ineptos y sin experiencia. Estos saben de compras excesivas, de inventarios de aceite en que se cuentan las cajas, no las botellas, etcétera, etcétera.

Una de las virtudes de los especialistas despedidos consistió en elaborar instrucciones sobre procedimientos y especificaciones técnicas para evitar tragedias como la ocurrida en Redondo. Eso no se aplica ahora. Realizaban igualmente capacitaciones para el personal a nivel nacional dos veces por año. Uno de los temas que abordaban estos ciclos era precisamente el peligro de insecticidas y pesticidas. Esos técnicos elaboraban propuestas de folletos y manuales –sus funciones estaban limitadas a ese nivel: el de las propuestas– para la manipulación y la preparación de los alimentos