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viernes, 17 de febrero de 2012
martes, 26 de julio de 2011
LA COYUNTURA ECONÓMICA MUNDIAL/ Alfredo Stecher
martes 26 de julio de 2011
LA COYUNTURA ECONÓMICA MUNDIAL/ Alfredo Stecher
Quizá mis esfuerzos por entender lo que está pasando en la economía mundial y lo que más probablemente ocurrirá ayuden también a otras personas con esa preocupación.
Todo indica que el mundo está entrando a la doble caída, en w, por las contradicciones en su crecimiento económico, pero también por la inadecuación de las respuestas desde la política. Ojalá no necesitemos una ampliación del diccionario para incorporar una v triple, o, peor aún, que caigamos en otra Gran Depresión, que podría abarcar una década. Concuerdo con los análisis y recomendaciones de Paul Krugman y con lo escrito por Stephen Roach, académico de la universidad de Yale, en un artículo titulado “Una recuperación global fallida”.¿Qué tienen en común ahora todas las economías avanzadas de Occidente, en Europa (excepto hasta cierto punto los escandinavos) y América del Norte? Una tasa de crecimiento reducida (y negativa en los países con crisis más aguda), grandes déficits estatales y enormes deudas estatales y privadas, un sistema financiero (bancario y de seguros) enorme y frágil, un elevado desempleo, aún mayor entre los jóvenes, un elevado malestar social, crecientes tendencias aislacionistas, xenofóbicas y racistas. Además la gran locomotora de la economía mundial, China, cruje bajo la creciente contradicción entre su necesidad de enfriar una economía sobrecalentada y las demandas sociales, que no se sabe hasta cuándo podrá manejar sin una caída fuerte en su tasa de crecimiento. Y el conjunto es zamaqueado por un componente creciente de especulación financiera extrema a escala mundial.
Aunque el origen del fenómeno es de hace décadas, recién desde hace pocos años existe el término “sistema bancario a la sombra”, es decir, fuera de las regulaciones nacionales e internacionales, constituido, entre otros, por préstamos titulizados (incluidas las hipotecas), obligaciones de crédito colateralizadas, derivados de tipos de interés, seguros de impago (swaps – permutas financieras - de incumplimiento crediticio), no respaldados por un activo real, a cargo de bancos de inversiones, y diversos tipos de fondos. Tanto Timothy Geithner como Paul Krugman estiman el tamaño del total de sus activos como mayor que los del sistema bancario (supervisado) norteamericano. Es cierto que este sistema ha contribuido a impulsar la economía internacional, cuyo funcionamiento ya es impensable sin su aporte, pero en conjunto y a la larga, por la falta de regulación y por el peso creciente de derivados meramente especulativos, ha resultado altamente tóxico, está a la base del estallido de la crisis en 2008 y está lanzando oleadas de ataques contra estados soberanos, por ahora en Europa.
Hay un esfuerzo de autorregulación de los emisores de derivados formales a través de la ISDA (International Swaps and Derivatives Association), que para 2009 reporta un total de 427 billones de dólares (trillones norteamericanos) de montos cubiertos, compuestos por 434 billones de derivados de tasas de interés, 26 billones de seguros de impago y 6 billones de derivados de acciones. En tanto cada derivado puede ser apalancado ene veces, fuera del sistema formal, para fines ya no de búsqueda válida de protección contra riesgos sino meramente especulativos, los montos en cuestión pueden ser aún mucho mayores. Para tener una idea de la magnitud del fenómeno, según el Banco Mundial, en 2009 el PIB mundial corriente fue de 58 billones de dólares (trillones norteamericanos).
Las clases políticas, por intereses de corto plazo, muchas veces con aspectos delincuenciales, y por miopía, no están a la altura del desafío de los procesos económicos y políticos (con excepciones, como la notable de Islandia, que ha asumido y afrontado plenamente su espectacular crisis). Es patético ver al partido republicano norteamericano bloquear los tímidos intentos del gobierno de Obama de afrontar la crisis, y a los líderes europeos, especialmente de Alemania y Francia (ni qué decir de Italia hasta antes del último golpe de timón económico que marginó a Berlusconi), renguear detrás de los acontecimientos que amenazan a la integridad de Europa y al euro, en función de cálculos electorales. Es recién ahora que han avanzado hacia medidas más efectivas, pero probablemente tardías.
En Europa las crisis de pequeñas economías como las de Irlanda, Grecia y Portugal amenazan con desestabilizar la economía mundial de manera similar a lo que sucedió con la quiebra de Lehman Brothers en Estados Unidos, con un efecto dominó retardado que ya está alcanzando a España e Italia, dos de las economías grandes de la Unión Europea, demasiado grandes para ser rescatadas por la débil Europa, si no logran superar la crisis con su propio esfuerzo, como lo está intentando España desde el año pasado y como acaba de iniciar Italia. Los mercados, esos entes necesarios, pero omnipotentes y ciegos ante las consecuencias de sus actos anónimos, están golpeando esas economías en dificultades, oleada tras oleada, cada una más grande que la anterior, encabezadas por enormes capitales especulativos, pero agigantadas por las decisiones inducidas de millones de capitales menores. No se ve inminente su pico máximo.
La amenaza de una cesación de pagos, o de reestructuración financiera percibida como tal por los mercados, de algunos países europeos, pende como un caso Lehman Brothers potenciado, espada de Damocles financiera, sobre la eurozona y la economía mundial. Es casi seguro que el último salvataje de Grecia terminará siendo solo un hito más en una pendiente descendente que nadie sabe dónde terminará.
Evidentemente la crisis de solvencia de los países europeos exige acciones más rápidas y decididas que hasta ahora, lo que requiere de cambios profundos en el funcionamiento de cada país y de la Unión Europea como un todo. En conjunto, necesita dotarse de órganos de política económica efectivos a la vez que mantener la libertad de los flujos de capitales y de personas, es decir, convertirse en “Estados Unidos” de Europa. Esto requiere el predominio de políticas de integración, de fiscalidad responsable, de solidaridad, de aumento de la competitividad con respeto de la fuerza laboral e inclusión social, de transparencia y eficiencia del Estado, de regulación y control de los poderes financieros – unificadas a nivel europeo y, lo más posible concertadas a escala internacional. Y como dice Draghi, el nuevo presidente del BCE (Banco Central Europeo), “Sobre todo hace falta redescubrir la política de bien común”. En otras palabras, exige la derrota de las fuerzas políticas derechistas y ultraderechistas (autocalificadas así) que van ganando cada vez mayor peso, para facilitar la adopción de una política económica responsable capaz de vencer a las grandes maniobras especulativas. Y lograr esa indispensable victoria parece muy difícil.
Cuando más internacionales son los problemas, y mayor la necesidad de una gobernanza europea y mundial de amplia perspectiva, mayores son las fuerzas localistas y cortoplacistas.
En nuestro caso, el de la mayoría de países latinoamericanos, seguimos en la senda del crecimiento económico con estabilidad macroeconómica, y ojalá sigamos así. Pero hay que advertir que éste está basado principalmente en el alza de los precios de las materias primas y en la gran liquidez en la economía mundial, ambas en riesgo de acabar en caso de una acentuación de la crisis mundial.
Harán bien los encargados de las políticas económicas y los empresarios de considerar escenarios pesimistas en sus previsiones y planes.
Publicado por ESPACIO COMPARTIDO en 19:11
jueves, 5 de mayo de 2011
¿UN NUEVO MANIFIESTO COMUNISTA?
martes 3 de mayo de 2011
¿UN NUEVO MANIFIESTO COMUNISTA? / Fernando Villarán
Espacio Compartido
Publicado en Mayo del 2011, en una revista norteamericana de circulación mundial:
“La parte superior del 1 por ciento de los estadounidenses recibe casi una cuarta parte de la renta de la nación cada año. Si hablamos de riqueza en vez de renta, el 1 por ciento de la población detenta el 40 por ciento de la riqueza.
"Mientras que el 1 por ciento ha visto cómo sus ingresos aumentan en un 18 por ciento en la última década, los trabajadores y la clase media han visto disminuir sus ingresos.
"En cuanto a la igualdad de ingresos, América va a la zaga de cualquier país en la vieja, anquilosada Europa, de la que el presidente George W. Bush solía burlarse. Nuestros colegas más cercanos son Rusia con sus oligarcas, e Irán.
"Los economistas hace mucho tiempo que justifican las enormes desigualdades que parecían tan preocupantes a mediados de siglo XIX, unas desigualdades que no fueron sino una pálida sombra de lo que estamos viendo en América hoy. La justificación que se les ocurrió fue llamada 'teoría de la productividad marginal'. En pocas palabras, esta teoría justifica el aumento de los ingresos asociándolos a una mayor productividad y a una mayor contribución a la sociedad. Es una teoría que siempre ha sido apreciada por los ricos. La evidencia de su validez, sin embargo, sigue siendo muy débil.
"La creciente desigualdad tiene otra cara: cada vez que disminuye la igualdad de oportunidades significa que no estamos usando algunos de nuestros más valiosos activos, nuestra gente, de la manera más productiva posible.
"Muchas de las distorsiones que conducen a la desigualdad, tales como las relacionadas con el poder de los monopolios y oligopolios, y el tratamiento fiscal preferencial para los intereses especiales, socavan la eficiencia de la economía.
"En el pasado, los Estados Unidos y el mundo se han beneficiado enormemente de la investigación patrocinada por el gobierno que condujo a la Internet, a los avances en salud pública, y así sucesivamente. Pero, como parte del abandono a las mayorías, Estados Unidos ha sufrido durante mucho tiempo una falta de inversión en infraestructura (ver el estado de nuestras carreteras y puentes, nuestros ferrocarriles y aeropuertos), en investigación básica, y en la educación en todos los niveles.
"Una gran parte del motivo por el que tenemos tanta desigualdad es que el 1 por ciento de la población lo quiere de esa manera. El ejemplo más obvio se refiere a la política fiscal. La reducción de los impuestos sobre las ganancias del capital, que es cómo los ricos reciben una gran parte de sus ingresos, ha permitido que los estadounidenses más pudientes no contribuyan casi nada. Gran parte de la desigualdad de hoy se debe a la manipulación del sistema financiero que ha cambiado las leyes y regulaciones, cambio que ha comprado y pagado la propia industria financiera, y que ha resultado ser una de sus mejores inversiones.
"En las últimas semanas hemos visto a millones de personas en las calles protestando por las condiciones políticas, económicas y sociales y las condiciones de opresión de las sociedades que habitan. Han sido derribados los gobiernos de Egipto y Túnez. Han estallado protestas en Libia, Yemen y Bahrein. Las familias gobernantes en otras partes de la región se preguntan con nerviosismo desde sus áticos con aire acondicionado si van a ser las próximas en caer. Tienen razón para preocuparse. Estas son las sociedades en las que una fracción minúscula de la población -menos del 1 por ciento- controla la parte del león de la riqueza; donde la riqueza es un determinante fundamental del poder; donde la corrupción arraigada es una forma de vida, y donde los más ricos se oponen de forma activa a políticas que podrían mejorar las condiciones de vida de las personas.
"El 1 por ciento de la población tiene las mejores casas, la mejor educación, los mejores médicos, y los mejores estilos de vida. Pero hay una cosa que el dinero parece no haber podido comprar: el entendimiento de que su destino está ligado a cómo vive el 99 por ciento restante de la población. A lo largo de la historia, esto es algo que el 1 por ciento aprende con el tiempo. Demasiado tarde”.
Esto, por supuesto no lo han escrito los descendientes de Carlos Marx y Federico Engels, tratando de reeditar el tremendo éxito literario que fue el Manifiesto Comunista cuando se publico por primera vez en el año 1848. Ese documento que empezaba “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las potencias de la vieja Europa se han unido en una Santa Alianza para acorralar a ese fantasma”.
No, estas líneas no fueron escritas por un comunista, ni por un socialista, ni por el partido Comunista Chino, tampoco fueron escritas en Irán, Iraq, en la Venezuela de Chávez, o en la Cuba de Raúl Castro.
Fueron escritas por Joseph Stiglitz, premio Nóbel de economía en el año 2001. Como sabemos, él estudió economía en la Universidad de Chicago, sacó su PHD en el Massachussets Institute of Technology (MIT), ha enseñado en las Universidades de Yale, Stanford, Oxford, Princeton, y actualmente es profesor de economía en la Universidad de Columbia. Ha sido presidente del Consejo Económico de Bill Clinton, y Vicepresidente y economista en jefe del Banco Mundial.
El artículo de donde he sacado estas citas es: “Del 1%, por el 1%, para el 1%”, parafraseando a la Constitución norteamericana: Del pueblo, por el pueblo, para el pueblo. Fue publicado en la revista Vanity Fair, en su edición de mayo 2011. La traducción es de Angels Martínez y Castells, con algunas correcciones mías. El hecho que no se haya publicado en uno de los principales diarios de Estados Unidos demuestra el grado de control corporativo al que ha llegado la prensa en ese país, y en muchos países del mundo; pero esto no importa, porque está circulando ampliamente en la Internet, que felizmente sigue siendo el reino de la libertad.
Exactamente a los 69 años de publicado el Manifiesto Comunista original se produjo la revolución rusa dirigida por Lenin. No es seguro si este documento de Stiglitz vaya a producir una revolución en Estados Unidos, ni mucho menos qué signo político va a tener, pero si los sucesos recientes en los países árabes y el norte de Africa son un indicador, es probable que este cambio se produzca en mucho menos tiempo, y no sólo en Estados Unidos.
Publicado por ESPACIO COMPARTIDO en 19:59
Etiquetas: Fernando Villarán, TEMA Actualidad política, TEMA Economía
4 comentarios:
Estrategias desarrollo humano. dijo...
En realidad, no necesitamos ir muy lejos para observar la inequidad extrema y al escandaloso nivel de acumulación del grupo en la cuspide de la pirámide. En Peru, mientras el decil inferior utiliza el 100% de sus ingresos en alimentos, en una canasta extremadamente básica, el 5% superior apenas necesita invertir el 4% de sus ingresos en su alimentación. Para mayores datos estadisticos analizar la brecha de ingresos entre deciles. El Peru durante la decada del 2000-2010 esta brecha se ha mantenido intocada, indicando un problema estructural sumado a la inacción del Estado en materia de políticas redistributivas.
El crecimiento entonces no solo es segregador en terminos de los sectores beneficiados por la apertura comercial sino que consolida las pautas del modelo de Sociedad Sigma sobre las que ha escrito Adolfo Figueroa: el crecimiento empujado sólo por la apertura comercial se afianza sobre la base de un mumerus clausus.
Se necesitan entonces políticas orientadas al mercado interno y la creación de valor agregado que estimule el desarrollo sistémico de capital humano y productividad simultaneamente.
miércoles 4 de mayo de 2011 11:33:00 GMT-05:00
carlintovar dijo...
Ingeniero: ¿esta situación, no es el resultado lógico de la libre acción del mercado? ¿Y cómo se resuelve esto?
miércoles 4 de mayo de 2011 18:23:00 GMT-05:00
fernando dijo...
Gracias por los comentarios; respondo a los dos.
(i) Estrategia: concuerdo contigo y Adolfo Figueroa, en que para salir de esta situación se requieren de varias politicas y cambios, como el valor agregado, empleo, mercado interno, ingresos, entre otras. Algunos los señala el propio Stiglitz
(ii) Carlín: durante la era keynesiana (1930-1980) Estados Unidos y Europa crecieron más, mejoró la distribución del ingreso y los trabajadores y clase media tuvieron mayor calidad de vida. Fue con el neoliberalismo que se produjo este retroceso en la desigualdad, volviendo a la situación previa a 1929, y a lo que había a mediados del siglo 19, antes del manifiesto comunista. Que se vienen cambios no hay duda, aunque es difícil predecir el sentido de los mismos.
miércoles 4 de mayo de 2011 21:05:00 GMT-05:00
Gonzalo Raffo de Lavalle dijo...
Primo, Concuerdo contigo y con Siglitz. Hechos son hechos. Parece que nada ha cambiado en el mundo de pan y circo para el pueblo, excepto las apariencias y los desarrollos cientificos y tecnologicos (gadgets) de los itiriteros. Ese sera el gran reto dde las nuevas generaciones, en el supuesto que la historia de la humanidad empieze a cambiar de verdad y no siga yendo de revolucion violenta en revolucion violenta, porque al final, todo tiene un limite, como lo estamos viendo en los paises del MENA y como bien dices, terminara un dia en los Estados Unidos.
jueves 5 de mayo de 2011 10:36:00 GMT-05:00
¿UN NUEVO MANIFIESTO COMUNISTA? / Fernando Villarán
Espacio Compartido
Publicado en Mayo del 2011, en una revista norteamericana de circulación mundial:
“La parte superior del 1 por ciento de los estadounidenses recibe casi una cuarta parte de la renta de la nación cada año. Si hablamos de riqueza en vez de renta, el 1 por ciento de la población detenta el 40 por ciento de la riqueza.
"Mientras que el 1 por ciento ha visto cómo sus ingresos aumentan en un 18 por ciento en la última década, los trabajadores y la clase media han visto disminuir sus ingresos.
"En cuanto a la igualdad de ingresos, América va a la zaga de cualquier país en la vieja, anquilosada Europa, de la que el presidente George W. Bush solía burlarse. Nuestros colegas más cercanos son Rusia con sus oligarcas, e Irán.
"Los economistas hace mucho tiempo que justifican las enormes desigualdades que parecían tan preocupantes a mediados de siglo XIX, unas desigualdades que no fueron sino una pálida sombra de lo que estamos viendo en América hoy. La justificación que se les ocurrió fue llamada 'teoría de la productividad marginal'. En pocas palabras, esta teoría justifica el aumento de los ingresos asociándolos a una mayor productividad y a una mayor contribución a la sociedad. Es una teoría que siempre ha sido apreciada por los ricos. La evidencia de su validez, sin embargo, sigue siendo muy débil.
"La creciente desigualdad tiene otra cara: cada vez que disminuye la igualdad de oportunidades significa que no estamos usando algunos de nuestros más valiosos activos, nuestra gente, de la manera más productiva posible.
"Muchas de las distorsiones que conducen a la desigualdad, tales como las relacionadas con el poder de los monopolios y oligopolios, y el tratamiento fiscal preferencial para los intereses especiales, socavan la eficiencia de la economía.
"En el pasado, los Estados Unidos y el mundo se han beneficiado enormemente de la investigación patrocinada por el gobierno que condujo a la Internet, a los avances en salud pública, y así sucesivamente. Pero, como parte del abandono a las mayorías, Estados Unidos ha sufrido durante mucho tiempo una falta de inversión en infraestructura (ver el estado de nuestras carreteras y puentes, nuestros ferrocarriles y aeropuertos), en investigación básica, y en la educación en todos los niveles.
"Una gran parte del motivo por el que tenemos tanta desigualdad es que el 1 por ciento de la población lo quiere de esa manera. El ejemplo más obvio se refiere a la política fiscal. La reducción de los impuestos sobre las ganancias del capital, que es cómo los ricos reciben una gran parte de sus ingresos, ha permitido que los estadounidenses más pudientes no contribuyan casi nada. Gran parte de la desigualdad de hoy se debe a la manipulación del sistema financiero que ha cambiado las leyes y regulaciones, cambio que ha comprado y pagado la propia industria financiera, y que ha resultado ser una de sus mejores inversiones.
"En las últimas semanas hemos visto a millones de personas en las calles protestando por las condiciones políticas, económicas y sociales y las condiciones de opresión de las sociedades que habitan. Han sido derribados los gobiernos de Egipto y Túnez. Han estallado protestas en Libia, Yemen y Bahrein. Las familias gobernantes en otras partes de la región se preguntan con nerviosismo desde sus áticos con aire acondicionado si van a ser las próximas en caer. Tienen razón para preocuparse. Estas son las sociedades en las que una fracción minúscula de la población -menos del 1 por ciento- controla la parte del león de la riqueza; donde la riqueza es un determinante fundamental del poder; donde la corrupción arraigada es una forma de vida, y donde los más ricos se oponen de forma activa a políticas que podrían mejorar las condiciones de vida de las personas.
"El 1 por ciento de la población tiene las mejores casas, la mejor educación, los mejores médicos, y los mejores estilos de vida. Pero hay una cosa que el dinero parece no haber podido comprar: el entendimiento de que su destino está ligado a cómo vive el 99 por ciento restante de la población. A lo largo de la historia, esto es algo que el 1 por ciento aprende con el tiempo. Demasiado tarde”.
Esto, por supuesto no lo han escrito los descendientes de Carlos Marx y Federico Engels, tratando de reeditar el tremendo éxito literario que fue el Manifiesto Comunista cuando se publico por primera vez en el año 1848. Ese documento que empezaba “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las potencias de la vieja Europa se han unido en una Santa Alianza para acorralar a ese fantasma”.
No, estas líneas no fueron escritas por un comunista, ni por un socialista, ni por el partido Comunista Chino, tampoco fueron escritas en Irán, Iraq, en la Venezuela de Chávez, o en la Cuba de Raúl Castro.
Fueron escritas por Joseph Stiglitz, premio Nóbel de economía en el año 2001. Como sabemos, él estudió economía en la Universidad de Chicago, sacó su PHD en el Massachussets Institute of Technology (MIT), ha enseñado en las Universidades de Yale, Stanford, Oxford, Princeton, y actualmente es profesor de economía en la Universidad de Columbia. Ha sido presidente del Consejo Económico de Bill Clinton, y Vicepresidente y economista en jefe del Banco Mundial.
El artículo de donde he sacado estas citas es: “Del 1%, por el 1%, para el 1%”, parafraseando a la Constitución norteamericana: Del pueblo, por el pueblo, para el pueblo. Fue publicado en la revista Vanity Fair, en su edición de mayo 2011. La traducción es de Angels Martínez y Castells, con algunas correcciones mías. El hecho que no se haya publicado en uno de los principales diarios de Estados Unidos demuestra el grado de control corporativo al que ha llegado la prensa en ese país, y en muchos países del mundo; pero esto no importa, porque está circulando ampliamente en la Internet, que felizmente sigue siendo el reino de la libertad.
Exactamente a los 69 años de publicado el Manifiesto Comunista original se produjo la revolución rusa dirigida por Lenin. No es seguro si este documento de Stiglitz vaya a producir una revolución en Estados Unidos, ni mucho menos qué signo político va a tener, pero si los sucesos recientes en los países árabes y el norte de Africa son un indicador, es probable que este cambio se produzca en mucho menos tiempo, y no sólo en Estados Unidos.
Publicado por ESPACIO COMPARTIDO en 19:59
Etiquetas: Fernando Villarán, TEMA Actualidad política, TEMA Economía
4 comentarios:
Estrategias desarrollo humano. dijo...
En realidad, no necesitamos ir muy lejos para observar la inequidad extrema y al escandaloso nivel de acumulación del grupo en la cuspide de la pirámide. En Peru, mientras el decil inferior utiliza el 100% de sus ingresos en alimentos, en una canasta extremadamente básica, el 5% superior apenas necesita invertir el 4% de sus ingresos en su alimentación. Para mayores datos estadisticos analizar la brecha de ingresos entre deciles. El Peru durante la decada del 2000-2010 esta brecha se ha mantenido intocada, indicando un problema estructural sumado a la inacción del Estado en materia de políticas redistributivas.
El crecimiento entonces no solo es segregador en terminos de los sectores beneficiados por la apertura comercial sino que consolida las pautas del modelo de Sociedad Sigma sobre las que ha escrito Adolfo Figueroa: el crecimiento empujado sólo por la apertura comercial se afianza sobre la base de un mumerus clausus.
Se necesitan entonces políticas orientadas al mercado interno y la creación de valor agregado que estimule el desarrollo sistémico de capital humano y productividad simultaneamente.
miércoles 4 de mayo de 2011 11:33:00 GMT-05:00
carlintovar dijo...
Ingeniero: ¿esta situación, no es el resultado lógico de la libre acción del mercado? ¿Y cómo se resuelve esto?
miércoles 4 de mayo de 2011 18:23:00 GMT-05:00
fernando dijo...
Gracias por los comentarios; respondo a los dos.
(i) Estrategia: concuerdo contigo y Adolfo Figueroa, en que para salir de esta situación se requieren de varias politicas y cambios, como el valor agregado, empleo, mercado interno, ingresos, entre otras. Algunos los señala el propio Stiglitz
(ii) Carlín: durante la era keynesiana (1930-1980) Estados Unidos y Europa crecieron más, mejoró la distribución del ingreso y los trabajadores y clase media tuvieron mayor calidad de vida. Fue con el neoliberalismo que se produjo este retroceso en la desigualdad, volviendo a la situación previa a 1929, y a lo que había a mediados del siglo 19, antes del manifiesto comunista. Que se vienen cambios no hay duda, aunque es difícil predecir el sentido de los mismos.
miércoles 4 de mayo de 2011 21:05:00 GMT-05:00
Gonzalo Raffo de Lavalle dijo...
Primo, Concuerdo contigo y con Siglitz. Hechos son hechos. Parece que nada ha cambiado en el mundo de pan y circo para el pueblo, excepto las apariencias y los desarrollos cientificos y tecnologicos (gadgets) de los itiriteros. Ese sera el gran reto dde las nuevas generaciones, en el supuesto que la historia de la humanidad empieze a cambiar de verdad y no siga yendo de revolucion violenta en revolucion violenta, porque al final, todo tiene un limite, como lo estamos viendo en los paises del MENA y como bien dices, terminara un dia en los Estados Unidos.
jueves 5 de mayo de 2011 10:36:00 GMT-05:00
viernes, 11 de marzo de 2011
Crecimiento y bolsillo de la gente
Crecimiento y bolsillo de la gente
Lun, 07/03/2011 - 05:00
La República del 07-03-2011
Promedio
Select ratingMaloBuenoMuy BuenoExcelenteEl Mejor
MaloBuenoMuy BuenoExcelenteEl Mejor.
Promedio (20 votes)
.Por Javier Diez Canseco (*)
Una desigualdad profunda marca el crecimiento económico peruano de la década. El PBI, la producción nacional, aumentó en 48% al 2008 y las exportaciones crecieron en un 89% per cápita, pero la distribución de la riqueza es atrozmente desigual. Setenta y cinco de cada 100 familias de Lima viven con un ingreso promedio mensual menor a 2,000 soles y 35% tiene un ingreso familiar menor de 1,000 soles mensuales.
Las cifras sobre salarios son elocuentes. En 1980, 36% del PBI iba a salarios. Casi 30 años después, el 2009, a salarios solo iban S/.21 de cada S/.100 producidos. La Remuneración Mínima Vital es de S/.600 desde fin del 2006, pero en mayo de 1974 la RMV equivalía a S/.1,929 (S/. constantes de 1997) y podía comprar el triple de hoy. La economía ha crecido y los salarios han caído, mientras las ganancias empresariales se han multiplicado. Setenta y siete por ciento de los trabajadores laboran en empresas que tienen entre 1 y 10 trabajadores con RMV o menos, y el 78% de las empresas del país es informal.
Para colmo, pagamos nuestros recursos naturales a precios internacionales, como si los compráramos fuera. Por eso pagamos entre S/.32 y S/.35 el balón de gas o las gasolinas a los precios que sufrimos. Ni siquiera accedemos a nuestros recursos naturales como es el caso de la mayoría de peruanos respecto del gas natural de Camisea para consumo doméstico. Y, encima, el Estado no nos protege y permite que se cobren altísimas tasas de interés por los créditos bancarios y de consumo, esquilmando a la población.
Esta realidad, frontalmente criticada por las fuerzas del nacionalismo y del cambio en el Programa de Gana Perú y Humala, se ha convertido en un eje del debate político electoral. Hoy, todos los candidatos, incluyendo los que ya gobernaron el Perú a favor de los más ricos, reconocen de palabra que el crecimiento económico no llega al bolsillo de la mayoría. Ahora ofrecen aumentar sueldos a maestros y policías, mejorar los presupuestos de Salud, Educación y programas sociales, apoyar la microempresa y el agro. Pero sus programas –con excepción de Gana Perú– no incluyen una reforma tributaria que haga que paguen más los que ganan más.
En el Perú, el Estado recaudó S/.13.80 soles de cada 100 producidos el 2009 (CEPAL). En Sudamérica el promedio de recaudación fue de US$20.30 dólares de cada 100 producidos, mientras que en Brasil recaudaban 34.3% del PBI y en Inglaterra más de 40%.
Con un Estado que recauda tan poco de las principales fuentes de riqueza, es obvio por qué el Perú dedica solo S/.2.60 de cada 100 que produce a Educación el 2008, y solo 1.2% del PBI a Salud, menos que la mitad del promedio latinoamericano. Si no se recauda más no hay mejor educación, salud o infraestructura o saneamiento. Menos aún habrá mejores salarios para maestros y policías, se mejorará las pensiones de jubilación o se terminará con los contratos CAS y otros abusos.
El Estado debe recaudar más del 14% del PBI de hoy. Debe superar el 21%. Imposible dedicar 6% del PBI solo a Educación si recauda 14 en total. Imposible aumentar el porcentaje de Salud. Solo entre esos dos servicios absorbería casi el 90% del Presupuesto Nacional. ¿Cómo mantendría el resto? La única forma de tener mejor educación y salud, mayor seguridad y una policía mejor pagada, poner el planilla a trabajadores indebidamente sometidos al CAS y mejorar a los jubilados sometidos a pensiones de hambre, o atender la necesidad de crédito para el agro y la microempresa, es con una auténtica reforma tributaria que cobre más a los que ganan más, especialmente a las mineras que explotan recursos naturales agotables y obtienen enormes utilidades (US $32,800 millones de dólares entre el 2006 y 2010), y al sector financiero y bancario. Un impuesto a las sobreganancias mineras y un impuesto a la renta más elevada a sectores con enormes ganancias como la banca son urgentes.
Ciertamente, ello debe ir de la mano con una reforma del Estado para un gasto más eficiente, y una batalla contra la corrupción que desvía y se apropia del dinero que el país necesita para crecer con equidad y justicia. Sin estas medidas todo es cuento.
(*) Candidato al Congreso por Gana Peru
Lun, 07/03/2011 - 05:00
La República del 07-03-2011
Promedio
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.Por Javier Diez Canseco (*)
Una desigualdad profunda marca el crecimiento económico peruano de la década. El PBI, la producción nacional, aumentó en 48% al 2008 y las exportaciones crecieron en un 89% per cápita, pero la distribución de la riqueza es atrozmente desigual. Setenta y cinco de cada 100 familias de Lima viven con un ingreso promedio mensual menor a 2,000 soles y 35% tiene un ingreso familiar menor de 1,000 soles mensuales.
Las cifras sobre salarios son elocuentes. En 1980, 36% del PBI iba a salarios. Casi 30 años después, el 2009, a salarios solo iban S/.21 de cada S/.100 producidos. La Remuneración Mínima Vital es de S/.600 desde fin del 2006, pero en mayo de 1974 la RMV equivalía a S/.1,929 (S/. constantes de 1997) y podía comprar el triple de hoy. La economía ha crecido y los salarios han caído, mientras las ganancias empresariales se han multiplicado. Setenta y siete por ciento de los trabajadores laboran en empresas que tienen entre 1 y 10 trabajadores con RMV o menos, y el 78% de las empresas del país es informal.
Para colmo, pagamos nuestros recursos naturales a precios internacionales, como si los compráramos fuera. Por eso pagamos entre S/.32 y S/.35 el balón de gas o las gasolinas a los precios que sufrimos. Ni siquiera accedemos a nuestros recursos naturales como es el caso de la mayoría de peruanos respecto del gas natural de Camisea para consumo doméstico. Y, encima, el Estado no nos protege y permite que se cobren altísimas tasas de interés por los créditos bancarios y de consumo, esquilmando a la población.
Esta realidad, frontalmente criticada por las fuerzas del nacionalismo y del cambio en el Programa de Gana Perú y Humala, se ha convertido en un eje del debate político electoral. Hoy, todos los candidatos, incluyendo los que ya gobernaron el Perú a favor de los más ricos, reconocen de palabra que el crecimiento económico no llega al bolsillo de la mayoría. Ahora ofrecen aumentar sueldos a maestros y policías, mejorar los presupuestos de Salud, Educación y programas sociales, apoyar la microempresa y el agro. Pero sus programas –con excepción de Gana Perú– no incluyen una reforma tributaria que haga que paguen más los que ganan más.
En el Perú, el Estado recaudó S/.13.80 soles de cada 100 producidos el 2009 (CEPAL). En Sudamérica el promedio de recaudación fue de US$20.30 dólares de cada 100 producidos, mientras que en Brasil recaudaban 34.3% del PBI y en Inglaterra más de 40%.
Con un Estado que recauda tan poco de las principales fuentes de riqueza, es obvio por qué el Perú dedica solo S/.2.60 de cada 100 que produce a Educación el 2008, y solo 1.2% del PBI a Salud, menos que la mitad del promedio latinoamericano. Si no se recauda más no hay mejor educación, salud o infraestructura o saneamiento. Menos aún habrá mejores salarios para maestros y policías, se mejorará las pensiones de jubilación o se terminará con los contratos CAS y otros abusos.
El Estado debe recaudar más del 14% del PBI de hoy. Debe superar el 21%. Imposible dedicar 6% del PBI solo a Educación si recauda 14 en total. Imposible aumentar el porcentaje de Salud. Solo entre esos dos servicios absorbería casi el 90% del Presupuesto Nacional. ¿Cómo mantendría el resto? La única forma de tener mejor educación y salud, mayor seguridad y una policía mejor pagada, poner el planilla a trabajadores indebidamente sometidos al CAS y mejorar a los jubilados sometidos a pensiones de hambre, o atender la necesidad de crédito para el agro y la microempresa, es con una auténtica reforma tributaria que cobre más a los que ganan más, especialmente a las mineras que explotan recursos naturales agotables y obtienen enormes utilidades (US $32,800 millones de dólares entre el 2006 y 2010), y al sector financiero y bancario. Un impuesto a las sobreganancias mineras y un impuesto a la renta más elevada a sectores con enormes ganancias como la banca son urgentes.
Ciertamente, ello debe ir de la mano con una reforma del Estado para un gasto más eficiente, y una batalla contra la corrupción que desvía y se apropia del dinero que el país necesita para crecer con equidad y justicia. Sin estas medidas todo es cuento.
(*) Candidato al Congreso por Gana Peru
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